Carbono 14

Como todos sabéis los rayos cósmicos son deshechos de núcleos de átomos, principalmente de protones que nos llegan del espacio intersideral. 700.000 de esos proyectiles atraviesan el cuerpo humano cada segundo. No matan al coronavirus pero pueden tener efectos insospechados: ver fotos.

La interacción de esos protones con los átomos de la atmosfera produce 2 o 3 neutrones por segundo y cm2. De vez en cuando golpean un núcleo de nitrógeno (N14) y expulsan de él un protón y se instalan en su sitio. ¿Y qué pasa? El nitrógeno se transmuta, sin cambiar de peso, en un átomo de carbono (el isótopo 14C). 

Fotógrafo exponiéndose imprudentemente a los rayos cósmicos.
El mismo, poco tiempo después, afectado y empezando a transmutarse.

El átomo de carbono 14 está afectado por el decaimiento radiactivo y evoluciona hacia el nitrógeno 14N con un periodo de semidesintegración de 5730 años. ¿Quién viene al rescate? Unas féminas, como tenía que ser: la Hermanas Oxígeno. En la alta atmosfera donde ha sido creado, el isótopo 14C se une a ellas para formar un ménage à trois, la molécula CO2… ¡Et voilà!

Los seres vivos asimilan el carbono 14 a través de las plantas que absorben CO2 durante toda su vida. La misma proporción de 14C que existe en la atmósfera se encuentra también en la madera viva. Cuando se corta un árbol el intercambio con el aire se interrumpe y los átomos de 14C desaparecen poco a poco. 

Así, un trozo de madera proveniente de la tumba de un faraón tiene mucho menos 14C que la madera recién cortada. Sabiendo cual es la duración de la semivida de 14C, los arqueólogos pueden medir edades entre varios siglos y unos 50.000 años. Así sabemos que esta momia es del III – II siglo antes de JC. Bastante siniestra…

La única momia egipcia del Louvre. Época ptolemaica. ©Carlos de Paz.

¿Qué pasó al final con el fotógrafo antes mencionado?

El Fantasma de Beaubourg.

En el Centro Pompidou llegué a captar esta espectral imagen. Allí se manifestó por primera vez el fotógrafo transmutado en el “Fantasma de Beaubourg”, indignado al ver que este Centro de Arte era en realidad un centro comercial lleno de carritos de la compra que la muchedumbre llenaba con los productos del merchandising que habían adquirido. Desde entonces vaga de museo en museo acechando también para castigarlos a los que se hacen selfies en vez de admirar las obras de arte. ¡¡¡Así que pensáoslo bien antes de sacar el móvil delante de la Mona Lisa!!!

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Al galope. La percepción del tiempo.

Seguidme a las profundidades de la jungla…

Al envejecer, tenemos la sensación que el tiempo pasa cada vez más rápidamente. He encontrado varias explicaciones posibles.

De nuevo y siempre, las matemáticas.

Según el filósofo francés Paul Janet, es el resultado de una reacción cerebral. En 1877 propuso la teoría «proporcional», la duración aparente de un periodo de tiempo en la vida de un hombre es proporcional a la duración total de su vida. A medida que envejecemos percibimos el paso del tiempo de una manera diferente porque el elemento de comparación evoluciona, ya que cada periodo constituye una fracción más pequeña de la vida en su conjunto. Para un hombre de 50, un año es la cincuentava parte de su vida, pero para un pequeño de 2 años, es la mitad de su vida, y eso explica por qué la distancia entre dos cumpleaños le parezca tan larga a los niños.

Por eso, para reflejar nuestra percepción del paso de tiempo hay que considerarlo a escala logarítmica; según esta escala, percibimos periodos de duración diferente como si tuvieran la misma extensión. Dividiendo la vida en tandas, los años vividos entre la edad de 5 y de 10 años nos parecen tan largos como los pasados entre las décadas de los 10 a los 20, de los 20 a los 40 y de los 40 a los 80.

La escala logarítmica permite medir la intensidad del sonido o de los terremotos, fenómenos que no se pueden traducir en una escala lineal por la variabilidad demasiada grande de los datos recogidos. En la escala de Richter cuando se pasa de una magnitud 10 a una magnitud 11, se multiplica por 10.

Si un trabajador tiene que pagar 1.000 € de impuestos y añadimos 1.000 €, le sumamos el 100 %, si añadimos 1.000 € a los 100.000 € que tiene que pagar uno más rico, sólo subimos un 1%. Hemos añadido la misma cantidad, pero el resultado no es el mismo en absoluto.

…Para descubrir una solanácea exótica, la «Datura inoxia»…

La biología, la rutina.

Se encuentran otras explicaciones, como que la biología tiene la culpa: nuestro reloj biológico se degrada progresivamente, debido a que nuestro metabolismo se ralentiza a lo largo de los años. Al envejecer, los latidos del corazón y la respiración se ralentizan, mientras que a los niños la mayor intensidad de la actividad biológica les proporciona la ilusión de un tiempo dilatado.

La dopamina es un neurotransmisor que se activa con cada nueva experiencia y nos ayuda a medir el tiempo que pasa. Diversos estudios demuestran que los cambios biológicos producidos en el cuerpo humano mientras envejece ―como el hecho que después de los 20 años se produce cada vez menos dopamina en el cerebro― tienen un impacto sobre nuestro reloj biológico.

También hay causas que empeoran este sentimiento, como el estrés que causa la idea que nos falta tiempo para realizar todo lo que tenemos que hacer.

…Aquí el fruto de la «Datura inoxia», conocido como estramonio y altamente tóxico…

La rutina también tiene la culpa. El cerebro de un niño reconfigura sin parar sus percepciones del mundo exterior; frente a estímulos desconocidos, su cerebro tarda más en tratar la información y esta intensa actividad síquica le da la impresión que el tiempo pasa despacio, mientras que pasa lo contrario para un adulto atrapado en la rutina diaria. Más nos acostumbramos a la repetición de los mismos acontecimientos, más rápido nos parece que el tiempo pasa.

Con la edad tenemos menos experiencias que suscitan la emoción –como el primer beso, el primer viaje lejos de casa, la primera aflicción. Tales experiencias son más fáciles de recordar y pueden llevar a una sensación del tiempo más alargada.

Cuando vivimos un acontecimiento inesperado, el cerebro ―de repente― tiene que tratar una multitud de información y almacena probablemente una cantidad de recuerdos más ricos y detallados que de costumbre. En nuestro recuerdo el acontecimiento parece más largo de lo que ha sido, como saben los aficionados a la caída libre, y es por eso que los que han vivido un accidente lo recuerdan como una película ralentizada.

…Y su prima hermana, la «Brugmansia arbórea», o árbol de las trompetas…

Nuestro instinto nos hace ahorrar toda la energía posible, así que cuando la vida es previsible nuestra mente utiliza el piloto automático, y tenemos la cabeza en otra parte, por ejemplo cuando nos vestimos o cocinamos estamos en modo automático. Si uno vive en el mismo sitio durante un largo periodo, o se dedica al mismo trabajo durante muchos años, tiene cada vez menos la sensación de novedad y el tiempo se acelera.

Así que, ¡intentemos aprender, estemos abiertos a la novedad y la sorpresa! Un artista que conozco dice que no tiene esta sensación, debe ser porque su mente fértil siempre está creando cosas nuevas… ¡Qué suerte!

Quizás os acordéis de la canción de los Pink Floyd, Time, del album The Dark side of the moon, 1973.

Propongo esta traducción:

Dejando pasar momento a momento los días monótonos, Desperdicias y malgastas las horas en babia, Dando vueltas aburrido en algún descampado de tu ciudad, A la espera de alguien o algo que te muestre el camino.

Cansado de estar tumbado al sol te quedas en casa mirando la lluvia, Eres joven y la vida es larga, y hay tiempo que matar hoy. Y luego, un día te das cuenta que has dejado diez años atrás. Nadie te dijo cuándo tenías que correr, te perdiste el pistoletazo de salida.

Y tú corres y corres para alcanzar el sol, pero se está poniendo, Girando velozmente para volver a salir detrás de ti. El sol sigue igual, relativamente, pero tú eres más viejo, Con menos aliento y un día más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto, nunca pareces encontrar tiempo, Planes que se quedan en nada o en media página de líneas garabateadas, Aguardando en silenciosa desesperación a la manera inglesa. El tiempo se fue, la canción se terminó, Pensaba que tendría algo más que decir…

En casa, En casa otra vez, Me gusta estar aquí Cuando puedo.

Cuando llego a casa Helado y cansado Qué bueno calentar mis huesos Junto al fuego.

Muy lejos, Al otro lado del campo, La campana de hierro repica, Llamando a los fieles a que se arrodillen Para oír el encanto susurrado.

…Así como otra de la misma familia, la «Solandra máxima», igual de venenosa que las anteriores…

(A ver si adivináis dónde están esta jungla y sus peligrosas plantas…)

Para terminar alegremente, os dejo con estas reflexiones sobre la madurez del gran humorista argentino, Roberto Fontanarrosa. Las ha llamado Estamos Distraídos.

« Mi amiga Colette solía decir, y hace ya mucho tiempo, “Estamos en la edad del nunca me había pasado”… Y es así. Decimos: “Es curioso. Nunca me había pasado, me agaché a recoger un tenedor y se me trabaron cuatro vértebras de la columna.”

Escuchamos: Es notable. Nunca me había pasado. Mordí un caramelo de limón y un premolar se me partió en ocho pedazos.

Es que, así como se habla de un Primer Mundo y de un Tercero sin que nadie conozca a ciencia cierta cuál es el Segundo, nosotros hemos pasado de la Primera Edad a la Tercera sin recalar por la Segunda y el cuerpo acusa recibo de tal apresuramiento. El tiempo mismo, incluso, ha tomado una consistencia gelatinosa, plástica, mutante.

Calculamos: “Cuánto hace que se mudo Ricardo a su nueva casa?” Y arriesgamos: “Tres, cuatro años”. Hasta que alguien, conocedor, nos saca de la duda: “Catorce”.

Suponemos ante el amigo encontrado ocasionalmente en la calle: “Tu pibe debe andar por los seis, siete años”. “Tiene diecinueve – nos contesta el amigo – Veni, Tacho!” Y nos presenta a una bestia de un metro ochenta, pelo verde, un clavo miguelito clavado en la ceja y un cardumen de granos sulfurosos en la mejilla.

Se corrobora entonces aquello que, dicen, decía John Lennon: “El tiempo es algo que pasa mientras nosotros estamos distraídos haciendo otra cosa”. Y suerte que estamos distraídos haciendo otra cosa. Mucho peor es aburrirse. Es dulce rememorar ciertos momentos, pero más me entusiasma pensar en las cosas que tengo para hacer. Es que muchos de esos ciertos momentos son muy viejos. Y por tanto vale recordar el consejo dado por Javier Villafañe cuando alguien le preguntó cómo hacía para conservarse tan joven pasados los ochenta años. “No me junto con viejos”, respondió el maestro. Yo quiero agregar lo que un día dijo Jean-Louis Barrault, famoso mimo francés: “La edad madura es aquella en que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.”»

La primera foto es de © Carlos de Paz.

La jungla y el fruto de la Datura inoxia se encuentran en Los Molinos del Río Aguas, en Sorbas. La flor de la Datura está en la rambla, en medio del pueblo de Gérgal, y los dos árboles, en el Parque Nicolás Salmerón, de Almería. Todo en la provincia de Almería, España.

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.