Terque. Un viaje en el tiempo.

Vista de Terque desde el cerro Marchena

Los forasteros deben saber que estando Almería en el sur de España y al borde del mar, llueve muy poco y no hace frío nunca. Sólo hay dos estaciones, el verano, cálido y el invierno, templado. A veces, durante el verano, cuando sopla el Levante, aparecen las calores, pero nunca es ese calor de muerte del interior, como en Granada o Écija ―la bien conocida sartén de Andalucía― y desde octubre a mayo se disfruta del sol y de temperaturas suaves.

Un amigo extranjero y una almeriense de adopción que sigue los usos del lugar

Los extranjeros van en camiseta y no entienden por qué nos ponemos chaquetones y bufandas…, como se puede ver en la foto anterior, tomada en el mes de enero, en Terque. En esta época es una gozada pasear por la provincia, ir despacio por el valle del río Andarax y disfrutar de los pueblos, parase a comer algo sencillo en un barecito, visitar la iglesia, que una vecina nos abre, orgullosa de mostrarla.

Hay un pueblo de esta comarca que es mi predilecto; un pueblo bello, amable y notable por sus extraordinarias iniciativas y actividades, Terque. ¡Tiene menos de 400 habitantes, pero cinco museos!

Un bello rincón del pueblo

Todos los años, en octubre, organizan una Muestra de Oficios Antiguos; este año tenía que haber sido la 18ª, pero no tengo noticias de que se haya celebrado, la pandemia también nos ha privado de este placer.

El Ayuntamiento y los Museos de Terque impulsan esta actividad, apoyados por la Diputación Provincial y se involucra gran parte de la población del municipio. La gente se viste con trajes de época, participan artesanos y empresarios que vienen de la Alpujarra granadina y almeriense, así como de varios puntos de la provincia. El año pasado se mostraron más de 50 oficios. Los museos están abiertos todo el día y se trasladan a la calle. Albergan una variedad y abundancia asombrosa de enseres, herramientas, objetos y muebles, perfectamente cuidados.

El Museo Etnográfico, dedicado al patrimonio etnográfico de Terque y de la provincia de Almería en general, tiene la mejor colección de la provincia: tiendas, escuela, ambiente doméstico, oficios…

Museo Etnográfico. Antigua botica.

El Museo Provincial de la Uva del Barco nos lleva a la época de esplendor de la localidad (1895-1914), cuando se exportaba la variedad, típica de Almería, llamada uva de Ohanes, a Gran Bretaña, Nueva York, Alemania, países del Báltico y Escandinavia, América Latina, Rusia y otros países.

Los trabajos relacionados con la agricultura parralera han sido el eje vertebrador de las actividades del pueblo, entre ellos destacan la elaboración de los tradicionales barriles para la uva de embarque y los trabajos del enfaenado de la uva, como la limpieza, el envasado y el transporte.

Faena de la uva. Mujeres de Terque.
Uvas de parrales.

El Museo de la Uva del Barco ha desarrollado el Programa de Recuperación de Variedades Históricas de Uva de Mesa de Almería. Para ello, se ha plantado en la vega de Terque un parral que alberga 43 variedades históricas de uva. Distintos eventos nos permiten conocer estas uvas tradicionales que están siendo salvadas de su posible desaparición, gracias a la colaboración de parraleros de toda la provincia, como las Muestras de variedades históricas de uva de mesa de Almería y homenaje a sus parraleros, con degustación incluida. También se hacen campañas de distribución de parras, donde se dan cepas a parraleros, particulares e instituciones para plantarlas. Así se frena el deterioro de los paisajes parraleros, que vuelven a valorizarse. Esta iniciativa permite que lo mejor del pasado vuelva a estar presente con la conservación de la biodiversidad de la uva de mesa y nos permita disfrutar del sabor de una variedad de frutos, lejos de la uniformidad de la fruta normalizada.

Parrales de Terque.

El Museo de la Escritura Popular custodia más de 10.000 cartas y documentos personales o comerciales.

Museo de la escritura popular. Escritura comercial.

La Modernista, tienda de tejidos y géneros confeccionados, abrió en 1903 en Alhabia. Ha sido recuperada y trasladada a Terque.

La Cueva de San José es un espacio cultural del Ayuntamiento de Terque dedicado a exposiciones, conciertos y conferencias. Cada año, los Museos de Terque presentan allí una nueva exposición monográfica temporal.

Cueva de San José.

Se encuentra en el precioso Cerro de la Cruz, barrio de cuevas, donde podemos visitar también la Casa-Cueva de Anica Dolores, una casa particular con su mobiliario y enseres que ha sido cedida por su propietario a los Museos. Es otro espacio expositivo, extraordinario ejemplo de vivienda troglodítica.

En Terque se hace un extraordinario viaje al tiempo lento de antaño. Volvemos a los oficios ya desparecidos o que sólo existen de forma residual. Hoy todo se hace en la fábricas con máquina, cada vez más rápido; los artesanos, con su trabajo primoroso, hecho con las manos, van quedando en el olvido. Dedicaban su vida al oficio, entraban de aprendiz siendo niños, tardaban años en aprender el arte que ejercían con orgullo. Realizar un trabajo de principio a fin era muy gratificante, hacía feliz a la gente. Antes, y no hace tanto tiempo, había pequeños talleres en ciudades y pueblos, en pequeños locales, en los bajos de las casas. La gente se conocía, eran negocios cercanos. Había oficios ambulantes, como el afilador ―todavía resisten algunos― o el lañador que reparaba puchero y utensilios de loza o porcelana por medio de grapas llamadas lañas.

Encaje de bolillos. Asociación El Mundillo de Almería. Mª Isabel Lora Ferrer.

Durante la jornada de la Muestra hay un ambiente increíble en Terque, la población llega a multiplicarse por 15, la gente pasea, admirando el trabajo de los artesanos y preguntando por su oficio. El ayuntamiento organiza una gigantesca paella, los bares están a tope, el olmo centenario cubierto de su manto otoñal cobija a los paseantes. Todo el mundo disfruta de lo lindo.

Boticario Andrés Costa Cervantes, de Terque, haciendo una crema facial.

El director de los Museos y responsable técnico de las actividades, Alejandro Buendía, realiza “…una impresionante labor de recuperación, conservación y difusión de un patrimonio frágil y en riesgo de extinción como es el patrimonio etnográfico…”, según la Asociación de los Amigos de la Alcazaba de Almería que le otorgó su premio Alcazaba 2012. Cuenta con la implicación y el apoyo incondicional de los vecinos de Terque que participan en la creación de las colecciones y tienen una presencia activa en todas las actividades: investigaciones, exposiciones y publicaciones.

Entre éstas se encuentra El Almario, “Alacena de los Recuerdos” del Museo Etnográfico, que guarda en vídeos “la memoria de lo que quiere desaparecer en el olvido,… las frágiles historias de la gente corriente.

Pirotecnia. José A. Blanes Cuadra.

A la Muestra vienen músicos, grupos de danza y charangas, para alegrar más aún la fiesta.

Cuadrilla Taller de Danza Bolera Gregorio.

Se puede comprar toda clase de cosas ricas: uvas, embutidos, quesos, dulces…

La matanza.

O adquirir cestitos que vemos hacer en directo.

Artesanía de caña. Sebastián Amador, de Gádor.
Telar. Ángeles López Fernández de Laujar.
Hilandera. Maribel Morales Pedrosa de Alhama.

Muchos otros oficios están representados, como el afilador, el alfarero, el escobero, el encuadernador, el hojalatero, el cartero, el panadero, el tornero… Se puede ver como se hacían velas o jabones y como se fabricaban los barriles para la uva y como los transportaban en burros. En la fiesta, los niños son los que suben en los burros para dar paseos.

Los organizadores intentan hacer una fiesta singular, alejada de las comerciales fiestas “medievales” que se realizan en muchas partes de España y a mi juicio, lo logran perfectamente, gracias a la participación de los habitantes y la variedad y calidad de los artesanos.

(He utilizado como fuentes la Diputación de Almería y los Museos de Terque en toda la entrada)

Desfarfollar panizo. Niños de Terque.
Grabados en placas de cobre. Antonio Egea de Vélez Rubio.

Si no conocéis el pueblo, os animo a que vayáis, no os cansaréis de disfrutar en cualquier momento de los museos y de sus calles y plazas encantadoras, muy bien cuidadas por sus amables vecinos.

Un callejón con encanto.

Todo esto me ha traído a la memoria el pueblo de mi niñez, en el norte de Francia, donde había todavía algunos artesanos. Mi abuelo fue el herrero hasta 1953; al año siguiente, de los 304 habitantes, quedaban todavía mi abuela modista, un apicultor, un panadero, un carbonero, un zapatero remendón, un carpintero-ebanista y también un peón caminero. La tienda de utramarinos que era a la vez café-bar-estanco fue la que más tiempo resistió; hoy en día la única actividad económica existente es la de los agricultores, muy prósperos, con todo mecanizado. Hasta desaparecieron las vacas ―sobraban según la Unión Europea― adios a la leche recién ordeñada, a la nata rica que salía de la centrifugadora…

La herrería de mi abuelo. Detrás, la iglesia rodeada del cementerio.

Delante de la herrería, en la parte izquierda, había un potro de herrar los caballos. Era una estructura de madera, más alta que los caballos, y se sujetaban las patas doblabas una a una a ella para poder colocar las herraduras con seguridad. Primero se quitaba la herradura vieja, después se raspaba el casco para dejarlo limpio y liso y se colocaba la nueva herradura. Eran mayormente caballos de labor, pero también había caballos de paseo que siguen siendo muy numerosos en la comarca.

La herrería de Croix-Fonsomme. 1893.

En esta fotografía de 1893 donde aparece mi bisabuelo en el centro con mi abuelo a su izquierda, se ve parte del potro de herrar a la izquierda. Un viaje en el tiempo, de verdad…

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