Poesía. Memoria, agua y tiempo.

Dejemos hablar a los poetas.

El tiempo es un tema recurrente en la poesía, en particular el irreversible paso del tiempo y la necesidad de gozar del presente son tópicos que se encuentran en la literatura desde los tiempos más remotos. Todos conocemos la expresión carpe diem que el poeta latino Horacio hizo famosa en su poema Oda a Leucónoe:

No investigues, pues no es lícito, Leucónoe, el fin que ni a mí

ni a ti los dioses destinen; a cálculos babilonios

no te entregues. ¡Vale más sufrir lo que haya de ser!

Te otorgue Júpiter varios inviernos o sólo el de hoy,

que destroza el mar Tirreno contra las rocas, prudente

sé, filtra el vino y en nuestro breve vivir la esperanza

contén. Mientras hablo, el tiempo celoso habrá ya escapado;

goza del día y no jures que otro igual vendrá después.

Horacio: Oda a Leucónoe. (Odas y epodos. 65-8 a.C. -Clásicos latinos- Círculo de Lectores. Traducción de Manuel Fernández-Galiano)

Ha sido un tema favorito en la poesía francesa, como en este poema de Pierre Ronsard (1524-1585), un clásico del Renacimiento:

Je vous envoie un bouquet que ma main                          

Vient de trier de ces fleurs épanouies:                               

Qui ne les eût à ce vêpre cueillies,                                        

Tombées à terre elles fussent demain.                               

Cela vous soit un exemple certain                                         

Que vos beautés, bien qu’elles soient fleuries,                              

En peu de temps cherront toutes flétries,                         

Et, comme fleurs, périront tout soudain.                           

Le temps s’en va, le temps s’en va, ma Dame,                

Las! le temps non, mais nous nous en allons,                   

Et tôt serons étendus sous la lame:                                      

Et des amours desquelles nous parlons,                                            

Quand serons morts, n’en sera plus nouvelle:                 

Donc, aimez-moi, cependant qu’êtes belle.

Pierre Ronsard. Second livre des Amours

Os mando un ramo que mi mano

Acaba de escoger de entre estas flores abiertas

De no haberlas cogido esta tarde,

Yaciendo en el suelo estarían mañana.

Que os sea un ejemplo cierto

Que vuestra belleza, aunque florezca ahora

En poco tiempo caerá marchita

Y, como flores, de repente morirá.

Se va el tiempo, se va el tiempo, Dama mía,

¡Ay! No se va el tiempo, sino nosotros,

Y pronto tendidos estaremos bajo la lápida:

Y de los amores de los que hablamos,

Cuando estemos muertos, no quedará huella:

Ámeme, pues, mientras sois bella.

Pierre Ronsard. Segundo libro de Los Amores

El río Andarax, Almería

O este otro de Alphonse de Lamartine (1790-1869), poeta romántico:

Le Lac

[…] Ô temps! Suspends ton vol, et vous heures propices!

Suspendez votre cours:                                    

Laissez-nous savourer les rapides délices                      

Des plus beaux de nos jours!                           

Assez de malheureux ici-bas vous implorent,  

Coulez, coulez pour eux;                                              

Prenez avec leurs jours les soins qui les dévorent;          

Oubliez les heureux.                                        

Mais je demande en vain quelques moments encore,

Le temps m’échappe et fuit;                             

Je dis à cette nuit: Sois plus lente; et l’aurore       

Va dissiper la nuit.                                           

Aimons donc, aimons donc! de l’heure fugitive,          

Hâtons-nous, jouissons!                                              

L’homme n’a point de port, le temps n’a point de rive;

Il coule, et nous passons! […]

El Lago

[…] O tiempo, suspende tu vuelo, y ¡horas propicias!

Suspended vuestro curso:

¡Dejad que saboreemos las fugaces delicias

De nuestros más bellos días!

Bastantes desdichados os imploran aquí abajo,

Corred, corred para ellos;

Llevados con sus vidas los cuidados que los devoran;

Olvidad a los felices.

En vano pido algunos momentos más,

El tiempo se me escapa y huye;

Digo a esta noche: sé más lenta; y la aurora

Ya está a punto de disiparla.

¡Amémonos pues, amémonos ! De la hora fugitiva,

¡A prisa, gocemos!

El hombre no tiene puerto, el tiempo no tiene orilla;

¡Fluye, y pasamos! […]

Hace unos años tuvo lugar la tercera Espiral Poética por el Mundo, en el Cortijo del Fraile, en Níjar, Almería. Asistimos con la Asociación de los Amigos de la Alcazaba, presidida entonces por Francisco Verdegay. Los propios autores leyeron sus obras y algunos socios leímos poemas de poetas que no pudieron asistir. La Espiral se formó en la era del Cortijo bajo la lluvia; ésta fue remitiendo hasta que apareció un precioso arco iris como colofón de la lectura. El lugar impregnado del espíritu de Lorca, la suave lluvia y la poesía, crearon una atmósfera única. Alrededor, las tierras de labor con brotes nuevos, fértiles como las mentes de los poetas, el Cortijo todavía en pie, el entorno volcánico, las minas de oro de Rodalquilar al fondo, formaban un espacio rico y antiguo que nos hacía sentir en comunión con algo profundo, arcaico, esencial, que sólo nos es revelado, a ráfagas, por la poesía, el arte y la belleza de algunos lugares.

Muy a menudo los poetas han recurrido al agua como metáfora del tiempo –las fuentes, los ríos, las olas del mar–.

[…] Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir,

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos. […]

Jorge Manrique. Coplas por la muerte de su padre.

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

Jorge Luis Borges. Arte poética

El río Adour en Bayona, Francia, desde el tren.

Siempre me gustó la poesía, desde la infancia. Todavía recuerdo cómo en la escuela del pueblo aprendíamos poemas coreándolos; luego, en los años de instituto copiaba todos los que me gustaban en primorosos cuadernos adornados de dibujos o fotografías que todavía guardo. Me sabía muchísimos poemas de memoria; desgraciadamente, el tiempo ha hecho estragos. ¡Qué duro haber olvidado lo que se estudió con pasión! ¿Qué somos sino lo que nuestra memoria retiene?

Estando ya en la universidad descubrí poetas españoles por medio de Paco Ibañez, que era muy popular en la Francia de los años 60; también guardo los discos de vinilo desgastados de tanto oírlos. Más adelante, ya en España, era asidua lectora del Babelia y me dedicaba a recortar poemas que pegaba en agendas –que por entonces se regalaban profusamente– para hacer poemarios que ilustraba con imágenes de arte sacadas del mismo periódico. También tuve el placer, durante muchos años, de ver en persona a poetas contemporáneos que venían a leer sus obras en el Aula de Poesía –toda una institución almeriense– coordinada por José Andújar, Ramón Crespo y José Luis López Bretones.

Discos de vinilo de Paco Ibañez

Un día se cumplió mi sueño, descubrí la exquisita revista Litoral que ofrece poesía, pensamiento y arte juntos. Gracias por este trabajo magistral a sus artífices, en particular a Antonio Lafarque, el único que tengo el placer de conocer personalmente.

Revista Litoral, arte y literatura. “Agua”

Al borde del sendero un día nos sentamos.

Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita

son las desesperantes posturas que tomamos

para aguardar… Mas Ella no faltará a la cita.

Antonio Machado. XXXV Soledades, galerías y otros poemas.

Machado tenía su propia visión del tiempo, le interesaba el tiempo vivido más que el tiempo devorador al que sin embargo dedicó el poema A Narciso Alonso Cortés, poeta de Castilla:  

[…] El tiempo lame y roe y pule y mancha y muerde;

socava el alto muro, la piedra agujerea;

apaga la mejilla y abrasa la hoja verde;

sobre las frentes cava los surcos de la idea. […]

El símbolo del agua se encuentra en toda su obra. En particular el agua de las fuentes. Me gusta especialmente este poema, pura delicia:

Era una noche del mes

de mayo, azul y serena.

Sobre el agudo ciprés

brillaba la luna llena,

iluminando la fuente

en donde el agua surtía

sollozando intermitente.

Sólo la fuente se oía.

Después, se escuchó el acento

de un oculto ruiseñor.

Quebró una racha de viento

la curva del surtidor.

Y una dulce melodía

vagó por todo el jardín;

entre los mirtos tañía

un músico su violín.

Era un acorde lamento

de juventud y de amor

para la luna y el viento,

el agua y el ruiseñor.

«El jardín tiene una fuente

y la fuente una quimera…»

Cantaba una voz doliente,

alma de la primavera.

Calló la voz y el violín

apagó su melodía.

Quedo la melancolía

vagando por el jardín.

Sólo la fuente se oía.

Antonio Machado. A Juan Ramón Jiménez. Por su libro: Arias tristes.

Fuente en una placita de Almócita

No todos los poemas quedan encerrados en los libros, algunos se escapan a veces, vagan por los campos y las montañas y de repente aparecen pintados en las paredes de los pueblos, como en Almócita, un pueblo primoroso de la Alpujarra almeriense. Es pequeñito, sólo tiene unos 170 habitantes, pero ¡qué gozada inesperada!: en cada esquina, una nueva sorpresa, aquí un poema, allí un dibujo, en una plazoleta una fuente clara, en la judería ―minúscula― fotografías de sus moradores, la Noche de los candiles… Luchando contra la despoblación, sus habitantes inventan algo nuevo cada año.

Poemas por las calles de Almócita, Almería

Las Alpujarras nos ofrecen más sorpresas, Lanjarón, precioso pueblo de la parte granadina, tiene excelentes y afamadas aguas y allí también se han posado poemas, esta vez sobre las fuentes. La mayor parte son de Federico García Lorca, al que rinden homenaje por doquier. El poeta fue a veranear y tomar sus aguas durante años con su familia y allí escribió algunos de sus Romances gitanos.

[…] Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio

y le dejan divinas heridas de diamante.

Son poetas del agua que han visto y que meditan

lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,

lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,

lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,

la que llorosa y triste sobre las cosas caes! […]

Federico García Lorca. Lluvia.

Pilar de la Plaza, Lanjarón, Granada

Para terminar, este bello y conmovedor poema de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), poeta romántico inglés que murió ahogado durante una tormenta cuando navegaba cerca de Pisa.

A lament                                                                  

O WORLD, O life! O time!                                     

On whose last steps I climb,                       

     Trembling at that where I had stood before;         

When will return the glory of your prime?            

            No more―Oh, never more!                                   

Out of the day and night                                        

A joy has taken flight;                                             

     Fresh spring, and summer, and winter hoar,        

Move my faint heart with grief, but with delight              

No more―Oh, never more!

Un lamento

O MUNDO, ¡O vida! ¡O tiempo!

Cuyos últimos peldaños asciendo,

     Tiemblo recordando donde había estado antes;

¿Cuándo volverá la Gloria de los mejores días?

          No volverá ¡Oh, nunca más!

Emergiendo del día y la noche

Una alegría ha echado a volar;

     Fresca primavera y verano, e invierno escarchado,

Afligen mi débil corazón mas lo deleitan

          No volverá ¡Oh, nunca más!

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

1 comentario en “Poesía. Memoria, agua y tiempo.”

  1. Hermoso de leer. Más que entender con la cabeza se absorbe con el espíritu. Supongo que esa representación del paso del tiempo en el fluir de las corrientes de agua debe ser algo tan atávico, tan incrustado en nuestra memoria genética, que es capaz de llegar al interior de las emociones sorteando los filtros del intelecto.
    Muy hermoso, Nicole.
    Agradecido.

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