Perturbación

Los dos libros con sobrecubiertas hechas con fotos mías.

En Todas las almas  (1989) y Negra espalda del tiempo (1998) Javier Marías habla del enigma irresoluble del tiempo, de la verdad, la ficción, la existencia y la memoria. Los dos libros, muy densos y estrechamente unidos, ahondan en el abismo de la muerte, de la pérdida, de lo que pudo ser. La obra de Javier Marías, uno de los más grandes escritores vivos ―« […] y tal vez el más profundo y arriesgado», según la reseña de la editorial Alfaguara del libro de 2007 Tu rostro mañana (Vol. 3 – Veneno y sombra y adiós), ha sido muy estudiada y analizada. No pretendo competir con los especialistas que lo han hecho, sólo quiero hablar de unos aspectos que me interesan. Como es bien sabido, Marías está impregnado de cultura anglosajona; el título del segundo libro proviene de una potente metáfora de Shakespeare «negra espalda del tiempo», palabras que el Bardo, en La Tempestad, pone en boca de su personaje Prospero, extrañado que su hija Miranda se acuerde de cosas de su primera infancia:

« […] but how is it / That this lives in thy mind? What seest thou else / In the dark backward and abysm of Time

«Pero ¿cómo es posible / que persista esto en tu memoria? ¿Qué ves aun / En la negra espalda y abismo del tiempo?» (Shakespeare The Tempest (1611) Acto I, escena 2)

Shakespeare ya hacía un uso poco común de la palabra inglesa backward (hacia atrás), que era y sigue siendo principalmente adverbio y adjetivo. La usa como nombre y es posible que fuera el primero en hacerlo ya que los diccionarios datan en 1610 su primera aparición como tal, que era cuando escribía La Tempestad.

Shakespeare, La Tempestad

Marías, después de explicar que es zurdo y que cuando aprendió a escribir ponía las letras de su nombre al revés, de derecha a izquierda, dice: « […] a veces pienso que para alguien que empezó escribiendo y leyendo en ese sentido inverso […], el tiempo ha de ser distinto que para la mayoría que nunca ha intentado ir de atrás hacia adelante sino siempre ha marchado de delante atrás, o no ha tratado de empezar por el fin sino acomodarse a él, esto es, a su espera y a su temor y llegada; y a veces pienso que tal vez por eso transito a menudo por lo que en varios libros he llamado ‘el revés del tiempo, su negra espalda‘, tomando de Shakespeare la misteriosa expresión y por dar algún nombre al tiempo que no ha existido, al que nos aguarda y también al que no nos espera y no acontece por tanto, o sólo en una esfera que no es temporal propiamente y en la que quién sabe si no se hallará la escritura, o quizá solamente la ficción».

Hablando de su maestro Juan Benet que afirmó: « […] que es el tiempo la única dimensión en que pueden hablarse y comunicarse los vivos y los muertos, la única que tienen en común», dice: «No lo entiendo a no ser que piense más bien en ese revés o esa negra espalda por la que discurre la voz antojadiza e imprevisible que sin embargo conocemos todos, la voz del tiempo cuando aún no ha pasado ni se ha perdido y quizá por eso ni siquiera es tiempo, esa voz que oímos permanentemente y que es siempre ficticia, yo creo, como tal vez lo es y lo ha sido y lo será hasta su término la que aquí está hablando».

«Saber que en un momento dado habrá que renunciar a todo es lo insoportable, para todo el mundo. […] Yo comprendo muy bien a quien lamenta morirse […] No es sólo que todo pueda aún darse, la noticia inimaginable, el giro de todos los acontecimientos, los sucesos más extraordinarios, los descubrimientos, el vuelco del mundo. El revés del tiempo, su negra espalda… Es también que son tantas las cosas que nos retienen».

«No, no nació aquel Manera a quien se vaticinó y se esperaba para concluir una maldición que quedó incompleta por su inexistencia, y tal vez pendiente (y acaso ha habido alguna vez nada que no quedara inconcluso); y quizá ese ausente todavía transita por el envés y la negra espalda y abismo de tiempo junto con todo lo que no ha ocurrido y lo que sí ha sucedido sin dejar sin embargo una huella ni un rastro ni humo ni vaho, y con lo acontecido que no puede reproducirse y ya no es posible y está descartado por tanto, y también con lo que aún se debate entre el recuerdo afilado y el tuerto olvido […]».

Negra espalda y abismo…

A propósito de su hermanito Julianín que murió con tres años y medio, dice: « […] y qué, si mi hermano se difuminó y despidió tan pronto, como si la débil rueda del mundo hubiera carecido de fuerzas para incorporarlo del todo a su giro y el tiempo de tiempo para asistir a sus afanes y afectos y agravios, o hubiera tenido prisa por desprenderse de su voluntad incipiente y hacerlo así transitar por su revés o su negra espalda convertido en un fantasma».

Como vemos, resulta profundamente perturbador, como lo son los dos libros. Lo siguiente, que aparece en Todas las Almas, no lo es menos. Marías explica cómo la estancia del narrador en Oxford era una perturbación, pero «no tenía en cierto sentido nada de particular, en la medida en que todos los que viven allí están perturbados o son unos perturbados. Pues no están en el mundo». El narrador sí está en el tiempo y en el mundo, en Madrid. Sin embargo no lo está en Oxford «ya que allí nadie lo ha conocido en su infancia o su juventud, nadie ha sido testigo de su continuidad».

« […] pues es durante la infancia cuando más instalado se está en el mundo, o por decirlo de manera precisamente infantil, cuando el mundo es más mundo, y el tiempo tiene mayor sustancia, y los muertos aún no se han convertido en la mitad de la vida».

No puedo evitar verme reflejada en sus palabras, estando yo también perturbada, por vivir en un país extranjero donde nadie me ha conocido en mi infancia y mi juventud. Por eso la muerte de mi madre fue una tragedia mayor, de repente la que me había conocido desde mi nacimiento (y querido incondicionalmente, claro), la que más me unía a mi pasado, a mi cultura, a mi país, había dejado de existir. Además, también tuve una hermanita que murió siendo bebé y transita por esa negra espalda del tiempo.

Para nuestro consuelo, los objetos que pertenecieron a los muertos, cumplen una función: «cuando alguien falta nos damos cuenta de la transmisión perpetua y callada entre las personas y las cosas, y así éstas cobran vida vicaria y se hacen testigos y metáforas y emblemas y se erigen en el hilo de la continuidad a menudo; y parece entonces que encierren las vidas imaginarias y las no cumplidas y las malogradas, o acaso es que son los objetos lo único que concilia y nivela presente y pasado, y hasta el futuro si duran y no son destruidos. Precisamente porque siguen viviendo sin añorarnos no cambian, y en eso nos son leales».

Mesa antigua que perteneció a mis padres

Hablando de los juguetes de Julianín, aborda otro tema también extremadamente inquietante, que retoma un poco más adelante en el libro:

«Aquellos pocos juguetes, aunque anticuados y algo aburridos, gozaban de prestigio entre nosotros, y habían sido guardados por lo que dije antes, supongo, porque está establecido que nuestros vestigios y emanaciones y efectos no desaparezcan a la vez que nosotros». 

«No es sólo que todo pueda volver a pasar, es que no sé si en realidad nada ha pasado ni se ha perdido, a veces tengo esa sensación de que todos los ayeres laten bajo la tierra como si se resistieran a desaparecer del todo, el enorme cúmulo de lo conocido y lo desconocido, lo contado y lo silenciado, lo registrado y lo que nunca se supo o no tuvo testigos o fue ocultado, una masa ingente de palabras y acontecimientos, pasiones y crímenes e injusticias […]».       

Casquillos de obuses en casa de mis abuelos, unos sin modificar y otros transformados en adornos por mi abuelo.

No puedo evitar pensar en algo que pasó una vez en Francia, en la Picardie, encrucijada de caminos, territorio donde todas las guerras tuvieron lugar, mil veces invadido. Allí estuvieron los romanos, los normandos, los españoles que sitiaron la ciudad de San Quintín en 1557, al lado de mi pueblo, que durante casi dos siglos fue limítrofe con los Países Bajos ocupados (cuando se iba al pueblo de al lado se decía: « Voy a España».

En el huerto de la casa de mi infancia, a lo largo de los años, cada vez que mi padre removía la tierra, encontraba restos del pasado, desde sestercios romanos a cascos de punta de los prusianos y una desmesurada cantidad de balas y obuses pequeños sin estallar de ambas guerras mundiales, ya que el pueblo fue invadido y bombardeado tanto en la primera como en la segunda.

Un día, estando allí, mi pareja, con su sensibilidad de artista, de repente oyó y sintió el retumbar de los pasos de los soldados alemanes en la calle-carretera, absolutamente como algo real, y se quedó perturbado mucho tiempo por ello. No es una persona que crea en lo sobrenatural y no fue autosugestión, ni nada por el estilo, ni siquiera estaba pensando en la guerra, estaba cocinando tranquilamente. Es que el lugar está impregnado hasta la médula de tantos hechos terribles.

Croix-Fonsomme, calle Principal

Hay un leitmotiv muy poético que recorre la obra de Marías, asociado a las palabras que el Otelo de Shakespeare pronuncia justo antes de matar a Desdémona: él de la convivencia de la luz artificial y la del sol, que se puede interpretar como el símbolo del tránsito de la vida a la muerte, la ambigua relación entre ambas: «Todo es más misterioso, es más bien una prolongación artificial, atenuadora e inerte de lo que ya ha cesado y una resistencia protocolaria a ceder el paso o a señalar el inicio de lo que llega, como esas farolas que permanecen encendidas todavía un rato cuando ya ha amanecido en las grandes ciudades y en las aldeas y en las estaciones de trenes y en los apeaderos vacíos, y aún se mantienen parpadeantes y erguidas ante la luz natural que avanza y las convierte en superfluas».

«Más bien nada pasa ni nada está ni nada pasa, y nada hay que no sea como el lento relevo de luces que veo a veces desde mis ventanas mientras no me duermo o ya estoy despierto […]» 

« […] esas lumbres palidecientes no son ya una amenaza, y hasta parece frenarse un poco en su propio despliegue como si les concediera un tiempo para acostumbrarse a su inutilidad llegada y a la idea de su acabamiento (‘Apaga la luz, y luego apaga la luz’, dos veces hubo de decírselo Otelo para asimilarlo, aunque ya estuviera decidido a hacerlo) […]».

« […] y sin embargo son el testimonio respetuoso y benigno de que existió lo que ya ha cesado: hasta que la soñolienta mano de algún funcionario repara en el despilfarro y apaga la luz, y luego la apaga.»

«Esas farolas que permanecen encendidas todavía un rato cuando ya ha amanecido…»

Finalmente quisiera resaltar otro aspecto que me parece muy importante en nuestra época en la que, con el pretexto de que “hay que informar al público”, se insiste con morbo en explicar, mostrar y repetir hasta la saciedad todos los hechos abominables que tienen lugar. Una cosa es condenarlos, denunciarlos y castigarlos, y otra recrearse en su inmundicia.

En Todas las Almas Marías dice: « […] siempre han ocurrido demasiadas cosas atroces, no veo por qué hay que volver a hablar de ellas, ni por qué hay que intentar enterarse de las que teníamos la suerte de no saber […]».

Es un tema del que habló en Tu rostro mañana: «Hoy existe un gusto por exponerse a lo más bajo y vil, a lo monstruoso y a lo aberrante, por asomarse a contemplar lo infrahumano y por rozarse con ello como si tuviera prestigio o gracia». «Hay acciones tan abominables o tan despreciables que cometerlas debería anular cualquier curiosidad posible por quienes las realizan y no crearla ni suscitarla». Por pudor, por decencia, para no satisfacer el ego de los criminales ni incitar a otros a imitarlos, no se debería entrar en detalles, ni enseñar fotos o vídeos.

Necrópolis nacional de Rancourt. Batalla del Somme, Gran Guerra.

Leer a Javier Marías, sus libros, sus columnas, es tan gratificante y enriquecedor, que sólo me queda invitaros a que lo hagáis y terminar con el título que Guillermo Cabrera Infante da a la reseña publicada por El País que sirve de epílogo a Negra espalda del tiempo: «¡Ave Marías!», tú que estas en lo más alto de mi Panteón literario.

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 04 / 2021 / 2261. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

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