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Latidos

Del reloj de cuarzo al de estroncio.

Minerales de cuarzo (dióxido de silicio, SiO2)

En el universo nada está quieto, desde los astros que huyen a gran velocidad hacia unos confines inciertos, hasta el corazón de la materia aparentemente inerte. Los electrones orbitan alrededor del núcleo del átomo como los planetas alrededor de los soles. En el espacio-tiempo, todo vibra, emite pulsaciones, oscila, late. Las mentes extraordinarias de los científicos saben aprovechar estas propiedades.

Como todos los materiales rígidos, un trozo de cuarzo vibra con frecuencias específicas. En 1880, los dos hermanos Pierre y Jacques Curie, físicos franceses, descubren el efecto piezoeléctrico del cuarzo que posee la capacidad de generar cargas eléctricas en su superficie cuando está sometido a fuerzas mecánicas y viceversa. Esta capacidad permite la fabricación de relojes, que hasta entonces eran mecánicos y dependían de un muelle, un oscilador y un escape para funcionar.

RELOJ DE CUARZO

El primer reloj de cuarzo, llamado Crystal clock, fue creado en 1927 por Warren Marrison y J.W. Horton de los laboratorios de Bell Telephone. Estaba constituido por tubos electrónicos y tenía el tamaño de un frigorífico. Tenía un margen de error de un segundo por decenio.

Los cristales de cuarzo vibran u oscilan cuando son atravesados por una corriente eléctrica de tipo alterna, que se genera con una pila especial. En 1967, se presentan los dos primeros movimientos de cuarzo para reloj de pulsera, uno por el Centre Électronique Horloger (movimiento Beta 1) y el otro por el centro de investigación y desarrollo de Seiko. La precisión de un reloj de cuarzo es diez veces mayor que el mejor de los mecanismos de relojería mecánica.

El primer reloj de pulsera de cuarzo comercializado, el Seiko Quartz Astron 35SQ, aparece en 1969. Salen 100 ejemplares con caja de oro y tiene el precio de un coche.

Seiko Quartz Astron 35SQ
(Deutsches-uhrenmuseum, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0&gt;, via Wikimedia Commons)

Los primeros relojes suizos de cuarzo utilizando el movimiento Beta 1, se comercializan a partir de 1970.

El Beta 1

RELOJ ATÓMICO

Frente a la necesidad de precisión creciente de la ciencia y de las tecnologías punta, el cuarzo es demasiado impreciso. La siguiente etapa es el reloj atómico. En éste, la estabilidad de un oscilador electrónico no depende de un solo cristal, sino de una onda electromagnética (que tiene la misma naturaleza que la luz) emitida por un electrón durante su transición de un nivel de energía a otro dentro del átomo.

El primer reloj atómico apareció en 1947; utilizaba las transiciones atómicas de la molécula de amoniaco. Después se utilizó el rubidio y, en 1955, se creó el primer reloj atómico de cesio, el más pesado de los metales alcalinos. Iba a servir de base para definir el tiempo atómico internacional (TAI), un estándar de tiempo calculado a partir de una media ponderada de las señales de unos 450 relojes atómicos repartidos por el mundo. La precisión es de un femtosegundo (10-15), que es la ¡¡milbillonésima parte de un segundo!!

Cápsula de cesio

DEFINICIÓN DEL SEGUNDO

El organismo encargado de establecer el tiempo atómico internacional es el Bureau international des poids et mesures (BIPM), sito en Sèvres, Francia. En 1956 se define el segundo como la 31.556.925,9747 parte del año trópico tomando como referencia el año 1900. (En astronomía el año solar se denomina año trópico y se acepta una duración de 365,2422 días pero no es constante, varia cada año. Es distinto del año civil utilizado actualmente en occidente y de manera casi universal, que tiene una duración media de 365,2425 días si computamos el número total de días en 400 años.)

Desde 1967, la duración del segundo ya no se calcula con el movimiento de la tierra sino de un átomo. El estándar del tiempo principal para definir el segundo es ahora “el estándar de cesio”, basado en la frecuencia de transición del átomo de cesio. El año ya no corresponde a un número de días, sino a 290.091.200.500.000.000 oscilaciones de cesio, con un margen de una o dos oscilaciones. Un segundo, definido por el Sistema Internacional de Unidades (SI), equivale a 9.192.631.770 oscilaciones de la radiación del isotopo 133 del átomo de cesio a -273,15º Celsius a nivel del mar.

Sin embargo, esta definición es demasiado perfecta para la Tierra cuya rotación no tiene una duración regular. El Tiempo Universal coordenado (UTC) permite ajustar el tiempo atómico al tiempo solar. Cada seis meses, el IERS (Servicio Internacional de la Rotación de la Tierra) puede añadir o quitar un segundo al tiempo atómico, son los “segundos intercalares”. Hay 37 segundos de diferencia entre el TAI y el UTC, son el resultado de la diferencia inicial de 10 segundos a principios de 1972, más 27 segundos intercalares añadidos desde 1972.

Además, el estándar de cesio es fundamental para la infraestructura de transmisión de datos de las redes celulares, GPS e Internet.  

TRES NUEVOS TIPOS DE RELOJES ATÓMICOS

Oro y otros minerales metálicos:
Pirita, calcopirita, hematites, galena, magnetita, rubí, zafiro.

Unos científicos del Instituto Nacional de Estándares  y Tecnología de EE UU publicaron en marzo 2021 los resultados de una investigación llevada a cabo en 2017 y 2018. Han logrado comparar la marcha de tres de los relojes atómicos más precisos del mundo, basado en iones de átomos de tres metales: iterbio, estroncio y aluminio. Los han conectado a distancia para medir sus diferentes oscilaciones y han descubierto que tienen más oscilaciones que el cesio, lo que permitirá determinar más fracciones de segundo y por tanto obtener mediciones infinitamente más precisas, que ayudarán a redefinir el segundo y serán útiles para investigar la materia oscura en el universo o probar ciertos aspectos de la Teoría de la Relatividad.

Los tres dispositivos comparados son de red óptica, que para medir el tiempo utilizan la frecuencia de una transición atómica, la luz emitida o absorbida cuando un átomo cambia de un estado de energía a otro. Los relojes fueron colocados en diferentes sedes separadas por kilómetro y medio y unidos por un cable de fibra óptica y por un láser ultrasensible. Los relojes basados en diferentes átomos marchan a diferentes frecuencias. En este caso funcionan dentro de un nivel de incertidumbre tan pequeño que ni siquiera ganarían o perderían un segundo sobre la edad del universo.

La tecnología desarrollada para coordinarlos es tan precisa que sus errores no son superiores a 0,000000000000000008, lo que es más exacto que cualquier sistema inalámbrico conocido hasta ahora. Estas mediciones fueron “las más exactas que se hayan hecho jamás de constantes de la naturaleza”.

Estos relojes son cien veces más precisos que los relojes de cesio.

Reloj atómico basado en átomos de estroncio. National Institute of Standards and Technology.

APLICACIONES FUTURAS

El hecho de poder conectar los relojes de alta precisión mediante enlaces de espacio libre, permitirá aplicaciones fuera del laboratorio, como la topografía.

La gravedad de la tierra hace que la frecuencia de un reloj atómico dependa de su altitud, de acuerdo a la teoría de la relatividad de Einstein. En consecuencia, la diferencia de altura entre dos relojes remotos se puede determinar midiendo sus diferencias de frecuencia. Con el nivel de incertidumbre logrado, las comparaciones entre relojes  podrían resolver diferencias del tamaño de un centímetro de altura. Por lo tanto, los relojes podrían suponer una nueva herramienta para el monitoreo ambiental a largo plazo de, por ejemplo, capas de hielo o niveles del océano.

Las investigaciones demostraron otra intrigante aplicación de las comparaciones de relojes. Los autores utilizaron las relaciones de frecuencia de los relojes para buscar señales de posibles interacciones entre átomos y materia oscura.

Fuentes: Wikipedia, tempus.tablos.net, www.madrimasd.org y www.20minutos.es.

No tendré la osadía de afirmar que entiendo perfectamente todos los conceptos que acabo de exponer; no hace falta, son fascinantes y eso basta. Para un profano, esta complejidad, este grado de precisión, este conocimiento de la materia, del universo, va mucho más allá de la ciencia, alcanza otro nivel, el de la poesía pura que acelera los latidos del corazón. Siento que hay una belleza inmensa y perturbadora en ello. Los poetas lo saben, como Andrés Neuman, que tuve el gran placer de escuchar en persona en el Aula de Poesía hace ya diez años, y que ha dedicado varios poemas a la ciencia.

Terminaremos con el final de su Tempus ex machina:

«En el compás del mundo siempre ha habido / un reloj conmoviéndose. […] Los ingenios actuales (¿actual que pase el tiempo?) / desearían fundirse con su objeto inasible, / aspiran a la invisibilidad. / Han conocido el cuarzo / que regula su vena diminuta / o la energía atómica del cesio / seducido por leves magnetismos. / Digitales, sin cuerpo, transparentes. / Hojas del huracán. / Con pantallas de agua. Iluminados. / Así son los relojes de mi tiempo. / Con pilas que alimentan como un grano de arroz. / Y con el mismo amor, el mismo pulso, / eternos como nunca lo seremos.»

Andrés Neuman Galán. (Buenos Aires, 1977)

Perturbación

Los dos libros con sobrecubiertas hechas con fotos mías.

En Todas las almas  (1989) y Negra espalda del tiempo (1998) Javier Marías habla del enigma irresoluble del tiempo, de la verdad, la ficción, la existencia y la memoria. Los dos libros, muy densos y estrechamente unidos, ahondan en el abismo de la muerte, de la pérdida, de lo que pudo ser. La obra de Javier Marías, uno de los más grandes escritores vivos ―« […] y tal vez el más profundo y arriesgado», según la reseña de la editorial Alfaguara del libro de 2007 Tu rostro mañana (Vol. 3 – Veneno y sombra y adiós), ha sido muy estudiada y analizada. No pretendo competir con los especialistas que lo han hecho, sólo quiero hablar de unos aspectos que me interesan. Como es bien sabido, Marías está impregnado de cultura anglosajona; el título del segundo libro proviene de una potente metáfora de Shakespeare «negra espalda del tiempo», palabras que el Bardo, en La Tempestad, pone en boca de su personaje Prospero, extrañado que su hija Miranda se acuerde de cosas de su primera infancia:

« […] but how is it / That this lives in thy mind? What seest thou else / In the dark backward and abysm of Time

«Pero ¿cómo es posible / que persista esto en tu memoria? ¿Qué ves aun / En la negra espalda y abismo del tiempo?» (Shakespeare The Tempest (1611) Acto I, escena 2)

Shakespeare ya hacía un uso poco común de la palabra inglesa backward (hacia atrás), que era y sigue siendo principalmente adverbio y adjetivo. La usa como nombre y es posible que fuera el primero en hacerlo ya que los diccionarios datan en 1610 su primera aparición como tal, que era cuando escribía La Tempestad.

Shakespeare, La Tempestad

Marías, después de explicar que es zurdo y que cuando aprendió a escribir ponía las letras de su nombre al revés, de derecha a izquierda, dice: « […] a veces pienso que para alguien que empezó escribiendo y leyendo en ese sentido inverso […], el tiempo ha de ser distinto que para la mayoría que nunca ha intentado ir de atrás hacia adelante sino siempre ha marchado de delante atrás, o no ha tratado de empezar por el fin sino acomodarse a él, esto es, a su espera y a su temor y llegada; y a veces pienso que tal vez por eso transito a menudo por lo que en varios libros he llamado ‘el revés del tiempo, su negra espalda‘, tomando de Shakespeare la misteriosa expresión y por dar algún nombre al tiempo que no ha existido, al que nos aguarda y también al que no nos espera y no acontece por tanto, o sólo en una esfera que no es temporal propiamente y en la que quién sabe si no se hallará la escritura, o quizá solamente la ficción».

Hablando de su maestro Juan Benet que afirmó: « […] que es el tiempo la única dimensión en que pueden hablarse y comunicarse los vivos y los muertos, la única que tienen en común», dice: «No lo entiendo a no ser que piense más bien en ese revés o esa negra espalda por la que discurre la voz antojadiza e imprevisible que sin embargo conocemos todos, la voz del tiempo cuando aún no ha pasado ni se ha perdido y quizá por eso ni siquiera es tiempo, esa voz que oímos permanentemente y que es siempre ficticia, yo creo, como tal vez lo es y lo ha sido y lo será hasta su término la que aquí está hablando».

«Saber que en un momento dado habrá que renunciar a todo es lo insoportable, para todo el mundo. […] Yo comprendo muy bien a quien lamenta morirse […] No es sólo que todo pueda aún darse, la noticia inimaginable, el giro de todos los acontecimientos, los sucesos más extraordinarios, los descubrimientos, el vuelco del mundo. El revés del tiempo, su negra espalda… Es también que son tantas las cosas que nos retienen».

«No, no nació aquel Manera a quien se vaticinó y se esperaba para concluir una maldición que quedó incompleta por su inexistencia, y tal vez pendiente (y acaso ha habido alguna vez nada que no quedara inconcluso); y quizá ese ausente todavía transita por el envés y la negra espalda y abismo de tiempo junto con todo lo que no ha ocurrido y lo que sí ha sucedido sin dejar sin embargo una huella ni un rastro ni humo ni vaho, y con lo acontecido que no puede reproducirse y ya no es posible y está descartado por tanto, y también con lo que aún se debate entre el recuerdo afilado y el tuerto olvido […]».

Negra espalda y abismo…

A propósito de su hermanito Julianín que murió con tres años y medio, dice: « […] y qué, si mi hermano se difuminó y despidió tan pronto, como si la débil rueda del mundo hubiera carecido de fuerzas para incorporarlo del todo a su giro y el tiempo de tiempo para asistir a sus afanes y afectos y agravios, o hubiera tenido prisa por desprenderse de su voluntad incipiente y hacerlo así transitar por su revés o su negra espalda convertido en un fantasma».

Como vemos, resulta profundamente perturbador, como lo son los dos libros. Lo siguiente, que aparece en Todas las Almas, no lo es menos. Marías explica cómo la estancia del narrador en Oxford era una perturbación, pero «no tenía en cierto sentido nada de particular, en la medida en que todos los que viven allí están perturbados o son unos perturbados. Pues no están en el mundo». El narrador sí está en el tiempo y en el mundo, en Madrid. Sin embargo no lo está en Oxford «ya que allí nadie lo ha conocido en su infancia o su juventud, nadie ha sido testigo de su continuidad».

« […] pues es durante la infancia cuando más instalado se está en el mundo, o por decirlo de manera precisamente infantil, cuando el mundo es más mundo, y el tiempo tiene mayor sustancia, y los muertos aún no se han convertido en la mitad de la vida».

No puedo evitar verme reflejada en sus palabras, estando yo también perturbada, por vivir en un país extranjero donde nadie me ha conocido en mi infancia y mi juventud. Por eso la muerte de mi madre fue una tragedia mayor, de repente la que me había conocido desde mi nacimiento (y querido incondicionalmente, claro), la que más me unía a mi pasado, a mi cultura, a mi país, había dejado de existir. Además, también tuve una hermanita que murió siendo bebé y transita por esa negra espalda del tiempo.

Para nuestro consuelo, los objetos que pertenecieron a los muertos, cumplen una función: «cuando alguien falta nos damos cuenta de la transmisión perpetua y callada entre las personas y las cosas, y así éstas cobran vida vicaria y se hacen testigos y metáforas y emblemas y se erigen en el hilo de la continuidad a menudo; y parece entonces que encierren las vidas imaginarias y las no cumplidas y las malogradas, o acaso es que son los objetos lo único que concilia y nivela presente y pasado, y hasta el futuro si duran y no son destruidos. Precisamente porque siguen viviendo sin añorarnos no cambian, y en eso nos son leales».

Mesa antigua que perteneció a mis padres

Hablando de los juguetes de Julianín, aborda otro tema también extremadamente inquietante, que retoma un poco más adelante en el libro:

«Aquellos pocos juguetes, aunque anticuados y algo aburridos, gozaban de prestigio entre nosotros, y habían sido guardados por lo que dije antes, supongo, porque está establecido que nuestros vestigios y emanaciones y efectos no desaparezcan a la vez que nosotros». 

«No es sólo que todo pueda volver a pasar, es que no sé si en realidad nada ha pasado ni se ha perdido, a veces tengo esa sensación de que todos los ayeres laten bajo la tierra como si se resistieran a desaparecer del todo, el enorme cúmulo de lo conocido y lo desconocido, lo contado y lo silenciado, lo registrado y lo que nunca se supo o no tuvo testigos o fue ocultado, una masa ingente de palabras y acontecimientos, pasiones y crímenes e injusticias […]».       

Casquillos de obuses en casa de mis abuelos, unos sin modificar y otros transformados en adornos por mi abuelo.

No puedo evitar pensar en algo que pasó una vez en Francia, en la Picardie, encrucijada de caminos, territorio donde todas las guerras tuvieron lugar, mil veces invadido. Allí estuvieron los romanos, los normandos, los españoles que sitiaron la ciudad de San Quintín en 1557, al lado de mi pueblo, que durante casi dos siglos fue limítrofe con los Países Bajos ocupados (cuando se iba al pueblo de al lado se decía: « Voy a España».

En el huerto de la casa de mi infancia, a lo largo de los años, cada vez que mi padre removía la tierra, encontraba restos del pasado, desde sestercios romanos a cascos de punta de los prusianos y una desmesurada cantidad de balas y obuses pequeños sin estallar de ambas guerras mundiales, ya que el pueblo fue invadido y bombardeado tanto en la primera como en la segunda.

Un día, estando allí, mi pareja, con su sensibilidad de artista, de repente oyó y sintió el retumbar de los pasos de los soldados alemanes en la calle-carretera, absolutamente como algo real, y se quedó perturbado mucho tiempo por ello. No es una persona que crea en lo sobrenatural y no fue autosugestión, ni nada por el estilo, ni siquiera estaba pensando en la guerra, estaba cocinando tranquilamente. Es que el lugar está impregnado hasta la médula de tantos hechos terribles.

Croix-Fonsomme, calle Principal

Hay un leitmotiv muy poético que recorre la obra de Marías, asociado a las palabras que el Otelo de Shakespeare pronuncia justo antes de matar a Desdémona: él de la convivencia de la luz artificial y la del sol, que se puede interpretar como el símbolo del tránsito de la vida a la muerte, la ambigua relación entre ambas: «Todo es más misterioso, es más bien una prolongación artificial, atenuadora e inerte de lo que ya ha cesado y una resistencia protocolaria a ceder el paso o a señalar el inicio de lo que llega, como esas farolas que permanecen encendidas todavía un rato cuando ya ha amanecido en las grandes ciudades y en las aldeas y en las estaciones de trenes y en los apeaderos vacíos, y aún se mantienen parpadeantes y erguidas ante la luz natural que avanza y las convierte en superfluas».

«Más bien nada pasa ni nada está ni nada pasa, y nada hay que no sea como el lento relevo de luces que veo a veces desde mis ventanas mientras no me duermo o ya estoy despierto […]» 

« […] esas lumbres palidecientes no son ya una amenaza, y hasta parece frenarse un poco en su propio despliegue como si les concediera un tiempo para acostumbrarse a su inutilidad llegada y a la idea de su acabamiento (‘Apaga la luz, y luego apaga la luz’, dos veces hubo de decírselo Otelo para asimilarlo, aunque ya estuviera decidido a hacerlo) […]».

« […] y sin embargo son el testimonio respetuoso y benigno de que existió lo que ya ha cesado: hasta que la soñolienta mano de algún funcionario repara en el despilfarro y apaga la luz, y luego la apaga.»

«Esas farolas que permanecen encendidas todavía un rato cuando ya ha amanecido…»

Finalmente quisiera resaltar otro aspecto que me parece muy importante en nuestra época en la que, con el pretexto de que “hay que informar al público”, se insiste con morbo en explicar, mostrar y repetir hasta la saciedad todos los hechos abominables que tienen lugar. Una cosa es condenarlos, denunciarlos y castigarlos, y otra recrearse en su inmundicia.

En Todas las Almas Marías dice: « […] siempre han ocurrido demasiadas cosas atroces, no veo por qué hay que volver a hablar de ellas, ni por qué hay que intentar enterarse de las que teníamos la suerte de no saber […]».

Es un tema del que habló en Tu rostro mañana: «Hoy existe un gusto por exponerse a lo más bajo y vil, a lo monstruoso y a lo aberrante, por asomarse a contemplar lo infrahumano y por rozarse con ello como si tuviera prestigio o gracia». «Hay acciones tan abominables o tan despreciables que cometerlas debería anular cualquier curiosidad posible por quienes las realizan y no crearla ni suscitarla». Por pudor, por decencia, para no satisfacer el ego de los criminales ni incitar a otros a imitarlos, no se debería entrar en detalles, ni enseñar fotos o vídeos.

Necrópolis nacional de Rancourt. Batalla del Somme, Gran Guerra.

Leer a Javier Marías, sus libros, sus columnas, es tan gratificante y enriquecedor, que sólo me queda invitaros a que lo hagáis y terminar con el título que Guillermo Cabrera Infante da a la reseña publicada por El País que sirve de epílogo a Negra espalda del tiempo: «¡Ave Marías!», tú que estas en lo más alto de mi Panteón literario.

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 04 / 2021 / 2261. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Aceleración y modernidad

La característica principal de la modernidad es la aceleración.

Umberto Boccioni. Dinamismo del cuerpo humano. 1913.

«La experiencia fundamental, constitutiva de la modernidad, es la de una gigantesca aceleración del mundo y de la vida y, por consiguiente, del flujo de la experiencia individual», dice Harmut Rosa en su libro Aceleración y cita al sociólogo M. Berman: «Estamos todos inmersos en un torbellino de desintegración y de renovación permanentes, de lucha y de contradicción, de ambigüedad y de angustia. Ser moderno, es ser parte de un universo en el cual, como lo escribe  Marx en el Manifiesto del partido comunista: Todo lo que tenía solidez y permanencia se va en humo».

Aunque el proceso hacia la modernidad tiene su inicio en el Renacimiento, es en el Siglo de las Luces cuando irrumpe con fuerza. Las ciencias de la naturaleza triunfan y la revolución industrial despega debido al anhelo de progreso y al deseo de acelerar la historia. Desde sus inicios la modernidad cambia la percepción del tiempo, « […] desde 1750 se tiene la sensación de una gigantesca aceleración del tiempo y de la historia, el sentimiento que el tiempo mismo está trastornado» (H. R.). La aceleración afecta a todos los aspectos de la vida. El hombre ya no es dueño de las fuerzas del proceso. Nietzsche dice: «A falta de quietud, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época, los hombres de acción, es decir, los agitados, han sido tan estimados». Asistimos a la «desaparición de todo recogimiento, de toda sencillez…».

Henry Adams, historiador, habla, en La educación de Henry Adams de 1918, de las fuerzas que animan el proceso de aceleración. «El hombre ya no era dueño de ellas. Las fuerzas lo agarraban por la muñeca y lo zarandeaban en todas las direcciones… Los automóviles y las armas de fuego hacían estragos en la sociedad, hasta el punto que un terremoto, en comparación, podía haber pasado por un momento de relajación». Lo mismo pasó en los años 1989 con las revoluciones numéricas.

La aceleración influencia todas las artes. La música es cada vez más rápida, sea el Bolero de Ravel, el jazz, el speed metal…, que siguen el ritmo frenético de la vida moderna, o las músicas disco y techno que parecen atractivas (a algunos) porque su tempo es ligeramente más rápido que el ritmo cardíaco normal del ser humano. Las obras clásicas se ejecutan cada vez más rápido. En el cine, el ritmo del montaje de los planos se ha acelerado constantemente durante el siglo XX.

Proust, Joyce, Mann. El tiempo en la literatura del siglo XX.

Según Berman la primera expresión artística totalmente desarrollada de la modernidad es el Fausto (1808 y 1832) de Goethe que «pone literalmente la Tierra en movimiento» mostrando la inquietud de su autor sobre las dimensiones profundamente destructoras del «velociférico», el tempo mefistofélico del nuevo mundo.

La literatura del siglo XX refleja las experiencias del torbellino social, grandes obras reaccionan ante la aceleración excesiva impuesta por la modernidad,  girando alrededor del tiempo, como En busca del tiempo perdido de Proust, Ulises de Joyce o La Montaña Mágica de Thomas Mann concebida como una novela del tiempo, siendo la aceleración el principio de su estructura narrativa.

Las artes plásticas sufren una transformación brutal que rompe con la tradición de siglos y las cambiará para siempre. El cubismo, que surge entre 1907 y 1924, constituye la primera de las vanguardias artísticas.

Al principio del siglo XX, tanto en las ciencias como en el arte, la teoría de la relatividad revoluciona el pensamiento y surge la idea del tiempo como cuarta dimensión que se añade a las tres espaciales. La nueva percepción de la estructura interna de los objetos del espacio y de la velocidad va determinar la representación del mundo.

Sin embargo, en el siglo XIX, en plena era industrial,  la aceleración se reflejaba ya en obras como Rain, steam and speed. The Great Western Railway (Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril occidental), de 1844, de William Turner (1775-1851) o novelas como Our mutual friend (Nuestro común amigo), de Dickens, publicado entre 1864 y 1865.

William Turner. Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril occidental. 1844

«Then, the train rattled among the house-tops, and among the ragged sides of houses torn down to make way for it, and over the swarming streets, and under the fruitful earth, until it shot across the river: bursting over the quiet surface like a bomb-shell, and gone again as if it had exploded in the rush of smoke and steam and glare. A little more, and again it roared across the river, a great rocket: spurning the watery turnings and doublings with ineffable contempt, and going straight to its end, as Father Time goes to his». Charles Dickens. Our mutual friend.

«Entonces el tren pasó traqueteando entre los tejados de las casas, y entre las medianerías irregulares de las edificios arrancados para hacerle sitio, y por encima de las calles abarrotadas, y debajo de la tierra fértil, hasta pasar disparado encima del río ―estallando sobre la superficie tranquila como un obús y desapareciendo como si hubiera explotado en medio del humo, el vapor y su resplandor. Pasó un instante y de nuevo cruzó el río rugiendo, tal un gran cohete ―desdeñando las curvas y las vueltas con un desprecio inefable― y yendo derecho hacia su fin, como el Tiempo va hacia el suyo». Charles Dickens. Nuestro común amigo.

Giacomo Balla. Velocidad. 1913

Entre 1890 y 1910 hay un fuerte brote de aceleración que tiene una  influencia determinante en todas las artes. Es durante ese periodo cuando aparecen los cubistas y los futuristas que harán «un claro esfuerzo para traducir la dinamización y la fragmentación de la experiencia del tiempo y del espacio en un nuevo lenguaje formal» (H. R.) que contribuirán a la nueva orientación del arte durante el siglo XX, con la metamorfosis del objeto, introduciendo el tiempo y el movimiento en el espacio.

El espacio parcelado que aparece en muchas telas de la época expresa la representación del tiempo, como en La Torre Eiffel de Delaunay, de 1911, influenciado por la parcelación introducida por H. Ford en las cadenas de montaje para acelerar la producción industrial.

Vemos en el cuadro Desnudo bajando una escalera de 1912 de Marcel Duchamp un intento de expresar el espacio y el tiempo en la representación abstracta del movimiento y de transponer la idea de Einstein en el arte.

Los que más se interesaron por el dinamismo, a veces hasta la obsesión, fueron los futuristas.

El futurismo fue un movimiento italiano, impulsado por Marinetti, que duró de 1909 a 1944, con pintores como Boccioni y Balla. Como movimiento o individuos sus ideas dejan mucho que desear, eran machistas, misóginos, ensalzaban la guerra «como la única higiene del mundo» y Marinetti ingresó en el partido fascista, incorporando sus tesis al movimiento. Según él, «había que hacer tabla rasa del pasado y crear un arte nuevo, desde cero, acorde con la mentalidad moderna y las nuevas realidades, tomando como modelo a las máquinas y sus virtudes: la fuerza, la rapidez, la velocidad, la energía, el movimiento, la deshumanización».

Pese a su lamentable ideología los futuristas hicieron posible una profunda renovación de las técnicas y principios artísticos, cuyas repercusiones aún se sienten. Su influencia se aprecia en las obras de los autores anteriormente citados, Delaunay y Duchamp, así como en la de Léger, que también sigue las pautas del cubismo: fragmentación, recombinación y simultaneidad.

Fernand Léger. Hélices. 1918

También hubo fotógrafos futuristas, como los hermanos Bragaglia que hicieron fotografías movidas para mostrar tiempos sucesivos y la trayectoria de los gestos.

Bragaglia. Girando. 1912

Hoy, un siglo después, con otras técnicas, se sigue fragmentando el tiempo, como se puede ver en esta fotografía de Carlos de Paz, de su serie Desfragmentaciones:

Carlos de Paz. Granizada en Almería. 2013

Después de tanto frenesí me parece que deberíamos seguir el consejo que daba Nietzsche de «fortalecer el elemento contemplativo» en nosotros y recordar que la felicidad es «mirar los patos sobre el estanque» como decía un sabio chino, cuyo nombre no recuerdo, hace mucho, mucho tiempo.

Carlos de Paz. Patos en el estanque. Picardie. 2008

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La madalena de Proust

La famosa madalena… Todos han oído hablar de ella, pero ¿cuántos saben realmente lo que significa y han leído “En busca del tiempo perdido” (escrito de 1908 a 1922) de Marcel Proust hasta el final? ¿Por qué muchos rehúyen el libro, como si fuera ilegible, difícil, al alcance de pocos? Sin embargo es una obra maestra, una de las más grandes creaciones literarias de la historia, un libro maravilloso, una novela que ofrece reflexiones profundas sobre el arte, extraordinariamente bien escrita, de una fineza, profundidad, sensibilidad, delicadeza que muy pocos escritores han alcanzado en el mundo. Personalmente la he leído tres veces, los siete tomos, en la juventud, la edad madura y, la vejez, hace poco, siempre con el mismo placer. Os animo a leerla encarecidamente.

El gran problema es la traducción, que ha sido un reto para los profesionales. Conviene comprar la edición que tiene la mejor traducción posible. Este interesante artículo os orientará sobre el tema. Por lo que dicen, me inclinaría por la traducción de Carlos Manzano, editado por Lumen, Barcelona. Como no la tengo, he traducido yo misma los fragmentos que reproduzco.

Se comprende que los que no han leído el libro crean que la «madalena» es algo que evoca recuerdos de la infancia y que cada vez que «pensamos» en ello nos acordamos gratamente de ella. A veces, también los que lo han leído lo reducen a algo simplista, como ocurre en la simpática serie documental de la 2 llamada Las recetas de Julie, que tiene unos episodios dedicados a lo que comían grandes artistas o escritores. En el programa titulado: A la mesa de Marcel Proust, emitido el 16-12-20 varias personas se reúnen en el pueblo de Illiers-Combray ―donde la familia de Proust solía ir a menudo, a casa de su tía― para hablar, cocinar y comer juntos lo que se comía en casa del escritor. Julie, muy agradable presentadora, pregunta: « ¿Cuál era vuestra madalena? Una de las repuestas es: Cada vez que como gobios fritos, vuelvo atrás en el tiempo». Esta serie no se dedica al estudio literario, es cierto, pero la participante de los gobios era catedrática de letras modernas y había escrito varios libros sobre Proust…

La casa de la tía Léonie. Foto de l’Écho républicain

De lo que Proust habla es de otra cosa mucho más importante, decisiva en su vida; de hecho, la base de su obra. Lo que se suele llamar «el episodio de la madalena» son en realidad múltiples epifanías, revelaciones repentinas de algo que va mucho más allá del simple recuerdo:

Marcel Proust. À la recherche du temps perdu | Tome I Du côté de chez Swann:

« Ma mère […] envoya chercher un de ces gâteaux courts et dodus appelés Petites Madeleines qui semblent avoir été moulés dans la valve rainurée d’une coquille Saint-Jacques. Et bientôt, machinalement, accablé par la morne journée et la perspective d’un triste lendemain, je portai à mes lèvres une cuillerée du thé où l’avais laissé s’amollir un morceau de madeleine. Mais à l’instant même où la gorgée mêlée des miettes du gâteau toucha mon palais, je tressaillis, attentif à ce qui se passait d’extraordinaire en moi. Un plaisir délicieux m’avait envahi, isolé, sans la notion de sa cause. Il m’avait aussitôt rendu les vicissitudes de la vie indifférentes, ses désastres inoffensifs, sa brièveté illusoire, de la même façon qu’opère l’amour, en me remplissant d’une essence précieuse : ou plutôt cette essence n’était pas en moi, elle était moi. J’avais cessé de me sentir médiocre, contingent, mortel. D’où avait pu me venir cette puissante joie ? Je sentais qu’elle était liée au goût du thé et du gâteau, mais qu’elle le dépassait infiniment, ne devait pas être de même nature. D’où venait-elle ? Que signifiait-elle ? Où l’appréhender?».

Marcel Proust. En busca del tiempo perdido | Volumen I Por la parte de Swann:

«Mi madre mandó por uno de esos bollos, cortos y rechonchos, que llaman madalenas, que parecen haber sido moldeados en la concha acanalada de una vieira. Y en seguida, sin pensar, agobiado por el día monótono y la perspectiva de otro día triste por venir, me llevé a los labios una cucharada de té donde se había ablandado un trozo de madalena. En el mismo momento en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, pendiente de algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin que supiera qué lo causaba. De repente había hecho que las vicisitudes de la vida me fueran indiferentes, sus desastres inofensivos, su brevedad ilusoria, obrando como lo hiciera el amor, llenándome de una esencia preciosa, o más bien esa esencia no estaba en mí, era yo mismo. Había dejado de sentirme mediocre, contingente, mortal. ¿De dónde había podido llegar aquella alegría tan fuerte? Sentía que estaba unida al sabor de té y del bollo, pero que lo superaba infinitamente, que no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía? ¿Qué significaba? ¿Dónde capturarla?»

Este es el primero de esos momentos y aparece al principio de la obra. Más adelante habrá otros, y en el último tomo, Proust explica su naturaleza y las consecuencias que tuvieron en su vida.

Marcel Proust. À la recherche du temps perdu | Tome VII Le temps retrouvé:

«Or, cette cause, je la devinais en comparant entre elles ces diverses impressions bienheureuses et qui avaient entre elles ceci de commun que je les éprouvais à la fois dans le moment actuel et dans un moment éloigné où le bruit de la cuiller sur l’assiette, l’inégalité des dalles, le goût de la madeleine allaient jusqu’à faire empiéter le passé sur le présent, à me faire hésiter à savoir dans lequel des deux je me trouvais ; au vrai, l’être qui alors goûtait en moi cette impression la goûtait en ce qu’elle avait de commun dans un jour ancien et maintenant, dans ce qu’elle avait d’extra-temporel, un être qui n’apparaissait que quand, par une de ces identités entre le présent et le passé, il pouvait se trouver dans le seul milieu où il pût vivre, jouir de l’essence des choses, c’est-à-dire en dehors du temps. Cela expliquait que mes inquiétudes au sujet de ma mort eussent cessé au moment où j’avais reconnu, inconsciemment, le goût de la petite madeleine, puisqu’à ce moment-là l’être que j’avais été était un être extra-temporel, par conséquent insoucieux des vicissitudes de l’avenir. Cet être-là n’était jamais venu à moi, ne s’était jamais manifesté qu’en dehors de l’action, de la jouissance immédiate, chaque fois que le miracle d’une analogie m’avait fait échapper au présent. Seul il avait le pouvoir de me faire retrouver les jours anciens, le Temps Perdu, devant quoi les efforts de ma mémoire et mon intelligence échouaient toujours».

Marcel Proust. En busca del tiempo perdido | Volumen VII El tiempo recobrado:

«Ahora bien, adivinaba la causa comparando aquellas diversas impresiones felices que tenían en común que las sentía a la vez en el momento actual y en un momento lejano donde el ruido de la cuchara sobre el plato, la desigualdad de las losas, el sabor de la madalena hacían que el pasado invadiera el presente y me hacía dudar en cuál de los dos me encontraba; en realidad, el ser que entonces saboreaba en mí aquella impresión, saboreaba en ella lo que era común a un día antiguo y al presente, lo que tenía de extra­-temporal, y ese ser sólo aparecía cuando, gracias a una de aquellas identidades entre el presente y el pasado, podía encontrarse en el único medio donde podía vivir, gozar de la esencia de las cosas, es decir fuera del tiempo. Eso explicaba la desaparición de mis inquietudes acerca de la muerte en el momento en que había reconocido, inconscientemente, el sabor de la madalena, ya que en ese momento, el ser que yo había sido era un ser extra-temporal, por tanto despreocupado de las vicisitudes del porvenir. Ese ser sólo se había acercado a mí, sólo se había manifestado, fuera de la acción, del goce inmediato, cada vez que el milagro de una analogía me había permitido escapar del  presente. Sólo él tenía el poder de hacerme recobrar los días antiguos, el Tiempo Perdido, ante lo cual los esfuerzos de mi memoria y de mi inteligencia fracasaban siempre».

Lo que Proust había revivido era mucho más que un momento del pasado, era «un poco de tiempo en estado puro» y que el ser que había renacido en él «sólo se nutre de la esencia de las cosas». Comprendió que había saboreado «fragmentos de existencia sustraídos al tiempo» y que el placer que había sentido «era el único fecundo y verdadero ». Supo que ya podía emprender la obra de arte que había aplazado durante tanto tiempo porque no había podido alcanzar la realidad oculta en el fondo de sí mismo.

Marcel Proust. À la recherche du temps perdu | Tome VII Le temps retrouvé :

«[…] il fallait tâcher d’interpréter les sensations comme les signes d’autant de lois et d’idées, en essayant de penser, c’est-à-dire de faire sortir de la pénombre ce que j’avais senti, de le convertir en un équivalent spirituel. Or, ce moyen qui me paraissait le seul, qu’était-ce autre chose que faire une œuvre d’art?

Quant au livre intérieur de signes inconnus […], pour sa lecture personne ne pouvait m’aider d’aucune règle, cette lecture consistant en un acte de création où nul ne peut nous suppléer, ni même collaborer avec nous. Aussi combien se détournent de l’écrire.

[…] les excuses ne figurent point dans l’art, les intentions n’y sont pas comptées, à tout moment l’artiste doit écouter son instinct, ce qui fait que l’art est ce qu’il y a de plus réel, la plus austère école de la vie, et le vrai Jugement dernier.

[…] pour exprimer ces impressions, pour écrire ce livre essentiel, le seul livre vrai, un grand écrivain n’a pas, dans le sens courant, à l’inventer puisqu’il existe déjà en chacun de nous, mais à le traduire. Le devoir et la tâche d’un  écrivain sont ceux d’un traducteur».

Marcel Proust. En busca del tiempo perdido | Volumen VII El tiempo recobrado:

« […] había que procurar interpretar las sensaciones como los signos de leyes y de ideas, intentando pensar, es decir, hacer salir de la penumbra lo que había sentido, convertirlo en un equivalente espiritual. Ahora, el único medio de hacerlo, ¿qué era sino hacer una obra de arte?

En cuanto al libro interior de signos desconocidos […] nadie podía ayudarme a leerlo con regla alguna, ya que esta lectura consistía en un acto de creación en el que nadie puede sustituirnos, ni siquiera colaborar con nosotros. Por eso, ¡cuántos evitan escribirlo!

[…] las excusas no existen en el arte, pues en el arte no cuentan las intenciones, el artista debe escuchar en todo momento su instinto, por lo que el arte es lo más real que existe, la más austera escuela de la vida, y el verdadero Juicio Final.

[…] para expresar esas impresiones, para escribir ese libro esencial, el único libro verdadero, un gran escritor no tiene que inventarlo en el sentido corriente porque ya existe en cada uno de nosotros, sólo tiene que traducirlo. El deber y la tarea de un escritor son los de un traductor».

Así fue cómo, a partir del momento que entendió el sentido de esas sensaciones, se puso a escribir su gran obra que terminó poco antes de su muerte, a la edad de tan solo 51 años, en 1922. No puedo evitar pensar en Dickens, que había empezado a escribir desde la temprana juventud pero no tuvo la suerte de poder terminar su última obra y también dejó este mundo demasiado temprano, a la edad de 58 años, en 1870. Ambos siguen iluminando este mundo de tinieblas.

Para terminar con una nota más ligera diré que una vez tuve una experiencia que se le parecía a la «madalena». Al oler una glicinia estuve transportada de una manera fulgurante a un momento de mi infancia feliz, en la casa de mis abuelos donde había una glicinia que corría a lo largo de toda la fachada y era para mí una gran fuente de placer. Fue una impresión muy fuerte tal como la cuenta Proust, una sensación global de revivir el pasado en su plenitud y me causó la misma felicidad. ¡Pero «no pudo dar lugar a la creación», ya que«no podía crear fuerzas y hacer de mí la escritora que no era», como dice el escritor de su personaje Swann! No obstante, fue algo extraordinario y estremecedor, diferente a todo, ¡extremadamente gratificante!

Aquí estoy, en brazos de mi abuela, delante de su casa, con la glicinia colgando de la fachada.

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Poesía. Memoria, agua y tiempo.

Dejemos hablar a los poetas.

El tiempo es un tema recurrente en la poesía, en particular el irreversible paso del tiempo y la necesidad de gozar del presente son tópicos que se encuentran en la literatura desde los tiempos más remotos. Todos conocemos la expresión carpe diem que el poeta latino Horacio hizo famosa en su poema Oda a Leucónoe:

No investigues, pues no es lícito, Leucónoe, el fin que ni a mí

ni a ti los dioses destinen; a cálculos babilonios

no te entregues. ¡Vale más sufrir lo que haya de ser!

Te otorgue Júpiter varios inviernos o sólo el de hoy,

que destroza el mar Tirreno contra las rocas, prudente

sé, filtra el vino y en nuestro breve vivir la esperanza

contén. Mientras hablo, el tiempo celoso habrá ya escapado;

goza del día y no jures que otro igual vendrá después.

Horacio: Oda a Leucónoe. (Odas y epodos. 65-8 a.C. -Clásicos latinos- Círculo de Lectores. Traducción de Manuel Fernández-Galiano)

Ha sido un tema favorito en la poesía francesa, como en este poema de Pierre Ronsard (1524-1585), un clásico del Renacimiento:

Je vous envoie un bouquet que ma main                          

Vient de trier de ces fleurs épanouies:                               

Qui ne les eût à ce vêpre cueillies,                                        

Tombées à terre elles fussent demain.                               

Cela vous soit un exemple certain                                         

Que vos beautés, bien qu’elles soient fleuries,                              

En peu de temps cherront toutes flétries,                         

Et, comme fleurs, périront tout soudain.                           

Le temps s’en va, le temps s’en va, ma Dame,                

Las! le temps non, mais nous nous en allons,                   

Et tôt serons étendus sous la lame:                                      

Et des amours desquelles nous parlons,                                            

Quand serons morts, n’en sera plus nouvelle:                 

Donc, aimez-moi, cependant qu’êtes belle.

Pierre Ronsard. Second livre des Amours

Os mando un ramo que mi mano

Acaba de escoger de entre estas flores abiertas

De no haberlas cogido esta tarde,

Yaciendo en el suelo estarían mañana.

Que os sea un ejemplo cierto

Que vuestra belleza, aunque florezca ahora

En poco tiempo caerá marchita

Y, como flores, de repente morirá.

Se va el tiempo, se va el tiempo, Dama mía,

¡Ay! No se va el tiempo, sino nosotros,

Y pronto tendidos estaremos bajo la lápida:

Y de los amores de los que hablamos,

Cuando estemos muertos, no quedará huella:

Ámeme, pues, mientras sois bella.

Pierre Ronsard. Segundo libro de Los Amores

El río Andarax, Almería

O este otro de Alphonse de Lamartine (1790-1869), poeta romántico:

Le Lac

[…] Ô temps! Suspends ton vol, et vous heures propices!

Suspendez votre cours:                                    

Laissez-nous savourer les rapides délices                      

Des plus beaux de nos jours!                           

Assez de malheureux ici-bas vous implorent,  

Coulez, coulez pour eux;                                              

Prenez avec leurs jours les soins qui les dévorent;          

Oubliez les heureux.                                        

Mais je demande en vain quelques moments encore,

Le temps m’échappe et fuit;                             

Je dis à cette nuit: Sois plus lente; et l’aurore       

Va dissiper la nuit.                                           

Aimons donc, aimons donc! de l’heure fugitive,          

Hâtons-nous, jouissons!                                              

L’homme n’a point de port, le temps n’a point de rive;

Il coule, et nous passons! […]

El Lago

[…] O tiempo, suspende tu vuelo, y ¡horas propicias!

Suspended vuestro curso:

¡Dejad que saboreemos las fugaces delicias

De nuestros más bellos días!

Bastantes desdichados os imploran aquí abajo,

Corred, corred para ellos;

Llevados con sus vidas los cuidados que los devoran;

Olvidad a los felices.

En vano pido algunos momentos más,

El tiempo se me escapa y huye;

Digo a esta noche: sé más lenta; y la aurora

Ya está a punto de disiparla.

¡Amémonos pues, amémonos ! De la hora fugitiva,

¡A prisa, gocemos!

El hombre no tiene puerto, el tiempo no tiene orilla;

¡Fluye, y pasamos! […]

Hace unos años tuvo lugar la tercera Espiral Poética por el Mundo, en el Cortijo del Fraile, en Níjar, Almería. Asistimos con la Asociación de los Amigos de la Alcazaba, presidida entonces por Francisco Verdegay. Los propios autores leyeron sus obras y algunos socios leímos poemas de poetas que no pudieron asistir. La Espiral se formó en la era del Cortijo bajo la lluvia; ésta fue remitiendo hasta que apareció un precioso arco iris como colofón de la lectura. El lugar impregnado del espíritu de Lorca, la suave lluvia y la poesía, crearon una atmósfera única. Alrededor, las tierras de labor con brotes nuevos, fértiles como las mentes de los poetas, el Cortijo todavía en pie, el entorno volcánico, las minas de oro de Rodalquilar al fondo, formaban un espacio rico y antiguo que nos hacía sentir en comunión con algo profundo, arcaico, esencial, que sólo nos es revelado, a ráfagas, por la poesía, el arte y la belleza de algunos lugares.

Muy a menudo los poetas han recurrido al agua como metáfora del tiempo –las fuentes, los ríos, las olas del mar–.

[…] Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir,

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos. […]

Jorge Manrique. Coplas por la muerte de su padre.

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

Jorge Luis Borges. Arte poética

El río Adour en Bayona, Francia, desde el tren.

Siempre me gustó la poesía, desde la infancia. Todavía recuerdo cómo en la escuela del pueblo aprendíamos poemas coreándolos; luego, en los años de instituto copiaba todos los que me gustaban en primorosos cuadernos adornados de dibujos o fotografías que todavía guardo. Me sabía muchísimos poemas de memoria; desgraciadamente, el tiempo ha hecho estragos. ¡Qué duro haber olvidado lo que se estudió con pasión! ¿Qué somos sino lo que nuestra memoria retiene?

Estando ya en la universidad descubrí poetas españoles por medio de Paco Ibañez, que era muy popular en la Francia de los años 60; también guardo los discos de vinilo desgastados de tanto oírlos. Más adelante, ya en España, era asidua lectora del Babelia y me dedicaba a recortar poemas que pegaba en agendas –que por entonces se regalaban profusamente– para hacer poemarios que ilustraba con imágenes de arte sacadas del mismo periódico. También tuve el placer, durante muchos años, de ver en persona a poetas contemporáneos que venían a leer sus obras en el Aula de Poesía –toda una institución almeriense– coordinada por José Andújar, Ramón Crespo y José Luis López Bretones.

Discos de vinilo de Paco Ibañez

Un día se cumplió mi sueño, descubrí la exquisita revista Litoral que ofrece poesía, pensamiento y arte juntos. Gracias por este trabajo magistral a sus artífices, en particular a Antonio Lafarque, el único que tengo el placer de conocer personalmente.

Revista Litoral, arte y literatura. “Agua”

Al borde del sendero un día nos sentamos.

Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita

son las desesperantes posturas que tomamos

para aguardar… Mas Ella no faltará a la cita.

Antonio Machado. XXXV Soledades, galerías y otros poemas.

Machado tenía su propia visión del tiempo, le interesaba el tiempo vivido más que el tiempo devorador al que sin embargo dedicó el poema A Narciso Alonso Cortés, poeta de Castilla:  

[…] El tiempo lame y roe y pule y mancha y muerde;

socava el alto muro, la piedra agujerea;

apaga la mejilla y abrasa la hoja verde;

sobre las frentes cava los surcos de la idea. […]

El símbolo del agua se encuentra en toda su obra. En particular el agua de las fuentes. Me gusta especialmente este poema, pura delicia:

Era una noche del mes

de mayo, azul y serena.

Sobre el agudo ciprés

brillaba la luna llena,

iluminando la fuente

en donde el agua surtía

sollozando intermitente.

Sólo la fuente se oía.

Después, se escuchó el acento

de un oculto ruiseñor.

Quebró una racha de viento

la curva del surtidor.

Y una dulce melodía

vagó por todo el jardín;

entre los mirtos tañía

un músico su violín.

Era un acorde lamento

de juventud y de amor

para la luna y el viento,

el agua y el ruiseñor.

«El jardín tiene una fuente

y la fuente una quimera…»

Cantaba una voz doliente,

alma de la primavera.

Calló la voz y el violín

apagó su melodía.

Quedo la melancolía

vagando por el jardín.

Sólo la fuente se oía.

Antonio Machado. A Juan Ramón Jiménez. Por su libro: Arias tristes.

Fuente en una placita de Almócita

No todos los poemas quedan encerrados en los libros, algunos se escapan a veces, vagan por los campos y las montañas y de repente aparecen pintados en las paredes de los pueblos, como en Almócita, un pueblo primoroso de la Alpujarra almeriense. Es pequeñito, sólo tiene unos 170 habitantes, pero ¡qué gozada inesperada!: en cada esquina, una nueva sorpresa, aquí un poema, allí un dibujo, en una plazoleta una fuente clara, en la judería ―minúscula― fotografías de sus moradores, la Noche de los candiles… Luchando contra la despoblación, sus habitantes inventan algo nuevo cada año.

Poemas por las calles de Almócita, Almería

Las Alpujarras nos ofrecen más sorpresas, Lanjarón, precioso pueblo de la parte granadina, tiene excelentes y afamadas aguas y allí también se han posado poemas, esta vez sobre las fuentes. La mayor parte son de Federico García Lorca, al que rinden homenaje por doquier. El poeta fue a veranear y tomar sus aguas durante años con su familia y allí escribió algunos de sus Romances gitanos.

[…] Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio

y le dejan divinas heridas de diamante.

Son poetas del agua que han visto y que meditan

lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,

lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,

lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,

la que llorosa y triste sobre las cosas caes! […]

Federico García Lorca. Lluvia.

Pilar de la Plaza, Lanjarón, Granada

Para terminar, este bello y conmovedor poema de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), poeta romántico inglés que murió ahogado durante una tormenta cuando navegaba cerca de Pisa.

A lament                                                                  

O WORLD, O life! O time!                                     

On whose last steps I climb,                       

     Trembling at that where I had stood before;         

When will return the glory of your prime?            

            No more―Oh, never more!                                   

Out of the day and night                                        

A joy has taken flight;                                             

     Fresh spring, and summer, and winter hoar,        

Move my faint heart with grief, but with delight              

No more―Oh, never more!

Un lamento

O MUNDO, ¡O vida! ¡O tiempo!

Cuyos últimos peldaños asciendo,

     Tiemblo recordando donde había estado antes;

¿Cuándo volverá la Gloria de los mejores días?

          No volverá ¡Oh, nunca más!

Emergiendo del día y la noche

Una alegría ha echado a volar;

     Fresca primavera y verano, e invierno escarchado,

Afligen mi débil corazón mas lo deleitan

          No volverá ¡Oh, nunca más!

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Terque. Un viaje en el tiempo.

Vista de Terque desde el cerro Marchena

Los forasteros deben saber que estando Almería en el sur de España y al borde del mar, llueve muy poco y no hace frío nunca. Sólo hay dos estaciones, el verano, cálido y el invierno, templado. A veces, durante el verano, cuando sopla el Levante, aparecen las calores, pero nunca es ese calor de muerte del interior, como en Granada o Écija ―la bien conocida sartén de Andalucía― y desde octubre a mayo se disfruta del sol y de temperaturas suaves.

Un amigo extranjero y una almeriense de adopción que sigue los usos del lugar

Los extranjeros van en camiseta y no entienden por qué nos ponemos chaquetones y bufandas…, como se puede ver en la foto anterior, tomada en el mes de enero, en Terque. En esta época es una gozada pasear por la provincia, ir despacio por el valle del río Andarax y disfrutar de los pueblos, parase a comer algo sencillo en un barecito, visitar la iglesia, que una vecina nos abre, orgullosa de mostrarla.

Hay un pueblo de esta comarca que es mi predilecto; un pueblo bello, amable y notable por sus extraordinarias iniciativas y actividades, Terque. ¡Tiene menos de 400 habitantes, pero cinco museos!

Un bello rincón del pueblo

Todos los años, en octubre, organizan una Muestra de Oficios Antiguos; este año tenía que haber sido la 18ª, pero no tengo noticias de que se haya celebrado, la pandemia también nos ha privado de este placer.

El Ayuntamiento y los Museos de Terque impulsan esta actividad, apoyados por la Diputación Provincial y se involucra gran parte de la población del municipio. La gente se viste con trajes de época, participan artesanos y empresarios que vienen de la Alpujarra granadina y almeriense, así como de varios puntos de la provincia. El año pasado se mostraron más de 50 oficios. Los museos están abiertos todo el día y se trasladan a la calle. Albergan una variedad y abundancia asombrosa de enseres, herramientas, objetos y muebles, perfectamente cuidados.

El Museo Etnográfico, dedicado al patrimonio etnográfico de Terque y de la provincia de Almería en general, tiene la mejor colección de la provincia: tiendas, escuela, ambiente doméstico, oficios…

Museo Etnográfico. Antigua botica.

El Museo Provincial de la Uva del Barco nos lleva a la época de esplendor de la localidad (1895-1914), cuando se exportaba la variedad, típica de Almería, llamada uva de Ohanes, a Gran Bretaña, Nueva York, Alemania, países del Báltico y Escandinavia, América Latina, Rusia y otros países.

Los trabajos relacionados con la agricultura parralera han sido el eje vertebrador de las actividades del pueblo, entre ellos destacan la elaboración de los tradicionales barriles para la uva de embarque y los trabajos del enfaenado de la uva, como la limpieza, el envasado y el transporte.

Faena de la uva. Mujeres de Terque.
Uvas de parrales.

El Museo de la Uva del Barco ha desarrollado el Programa de Recuperación de Variedades Históricas de Uva de Mesa de Almería. Para ello, se ha plantado en la vega de Terque un parral que alberga 43 variedades históricas de uva. Distintos eventos nos permiten conocer estas uvas tradicionales que están siendo salvadas de su posible desaparición, gracias a la colaboración de parraleros de toda la provincia, como las Muestras de variedades históricas de uva de mesa de Almería y homenaje a sus parraleros, con degustación incluida. También se hacen campañas de distribución de parras, donde se dan cepas a parraleros, particulares e instituciones para plantarlas. Así se frena el deterioro de los paisajes parraleros, que vuelven a valorizarse. Esta iniciativa permite que lo mejor del pasado vuelva a estar presente con la conservación de la biodiversidad de la uva de mesa y nos permita disfrutar del sabor de una variedad de frutos, lejos de la uniformidad de la fruta normalizada.

Parrales de Terque.

El Museo de la Escritura Popular custodia más de 10.000 cartas y documentos personales o comerciales.

Museo de la escritura popular. Escritura comercial.

La Modernista, tienda de tejidos y géneros confeccionados, abrió en 1903 en Alhabia. Ha sido recuperada y trasladada a Terque.

La Cueva de San José es un espacio cultural del Ayuntamiento de Terque dedicado a exposiciones, conciertos y conferencias. Cada año, los Museos de Terque presentan allí una nueva exposición monográfica temporal.

Cueva de San José.

Se encuentra en el precioso Cerro de la Cruz, barrio de cuevas, donde podemos visitar también la Casa-Cueva de Anica Dolores, una casa particular con su mobiliario y enseres que ha sido cedida por su propietario a los Museos. Es otro espacio expositivo, extraordinario ejemplo de vivienda troglodítica.

En Terque se hace un extraordinario viaje al tiempo lento de antaño. Volvemos a los oficios ya desparecidos o que sólo existen de forma residual. Hoy todo se hace en la fábricas con máquina, cada vez más rápido; los artesanos, con su trabajo primoroso, hecho con las manos, van quedando en el olvido. Dedicaban su vida al oficio, entraban de aprendiz siendo niños, tardaban años en aprender el arte que ejercían con orgullo. Realizar un trabajo de principio a fin era muy gratificante, hacía feliz a la gente. Antes, y no hace tanto tiempo, había pequeños talleres en ciudades y pueblos, en pequeños locales, en los bajos de las casas. La gente se conocía, eran negocios cercanos. Había oficios ambulantes, como el afilador ―todavía resisten algunos― o el lañador que reparaba puchero y utensilios de loza o porcelana por medio de grapas llamadas lañas.

Encaje de bolillos. Asociación El Mundillo de Almería. Mª Isabel Lora Ferrer.

Durante la jornada de la Muestra hay un ambiente increíble en Terque, la población llega a multiplicarse por 15, la gente pasea, admirando el trabajo de los artesanos y preguntando por su oficio. El ayuntamiento organiza una gigantesca paella, los bares están a tope, el olmo centenario cubierto de su manto otoñal cobija a los paseantes. Todo el mundo disfruta de lo lindo.

Boticario Andrés Costa Cervantes, de Terque, haciendo una crema facial.

El director de los Museos y responsable técnico de las actividades, Alejandro Buendía, realiza “…una impresionante labor de recuperación, conservación y difusión de un patrimonio frágil y en riesgo de extinción como es el patrimonio etnográfico…”, según la Asociación de los Amigos de la Alcazaba de Almería que le otorgó su premio Alcazaba 2012. Cuenta con la implicación y el apoyo incondicional de los vecinos de Terque que participan en la creación de las colecciones y tienen una presencia activa en todas las actividades: investigaciones, exposiciones y publicaciones.

Entre éstas se encuentra El Almario, “Alacena de los Recuerdos” del Museo Etnográfico, que guarda en vídeos “la memoria de lo que quiere desaparecer en el olvido,… las frágiles historias de la gente corriente.

Pirotecnia. José A. Blanes Cuadra.

A la Muestra vienen músicos, grupos de danza y charangas, para alegrar más aún la fiesta.

Cuadrilla Taller de Danza Bolera Gregorio.

Se puede comprar toda clase de cosas ricas: uvas, embutidos, quesos, dulces…

La matanza.

O adquirir cestitos que vemos hacer en directo.

Artesanía de caña. Sebastián Amador, de Gádor.
Telar. Ángeles López Fernández de Laujar.
Hilandera. Maribel Morales Pedrosa de Alhama.

Muchos otros oficios están representados, como el afilador, el alfarero, el escobero, el encuadernador, el hojalatero, el cartero, el panadero, el tornero… Se puede ver como se hacían velas o jabones y como se fabricaban los barriles para la uva y como los transportaban en burros. En la fiesta, los niños son los que suben en los burros para dar paseos.

Los organizadores intentan hacer una fiesta singular, alejada de las comerciales fiestas “medievales” que se realizan en muchas partes de España y a mi juicio, lo logran perfectamente, gracias a la participación de los habitantes y la variedad y calidad de los artesanos.

(He utilizado como fuentes la Diputación de Almería y los Museos de Terque en toda la entrada)

Desfarfollar panizo. Niños de Terque.
Grabados en placas de cobre. Antonio Egea de Vélez Rubio.

Si no conocéis el pueblo, os animo a que vayáis, no os cansaréis de disfrutar en cualquier momento de los museos y de sus calles y plazas encantadoras, muy bien cuidadas por sus amables vecinos.

Un callejón con encanto.

Todo esto me ha traído a la memoria el pueblo de mi niñez, en el norte de Francia, donde había todavía algunos artesanos. Mi abuelo fue el herrero hasta 1953; al año siguiente, de los 304 habitantes, quedaban todavía mi abuela modista, un apicultor, un panadero, un carbonero, un zapatero remendón, un carpintero-ebanista y también un peón caminero. La tienda de utramarinos que era a la vez café-bar-estanco fue la que más tiempo resistió; hoy en día la única actividad económica existente es la de los agricultores, muy prósperos, con todo mecanizado. Hasta desaparecieron las vacas ―sobraban según la Unión Europea― adios a la leche recién ordeñada, a la nata rica que salía de la centrifugadora…

La herrería de mi abuelo. Detrás, la iglesia rodeada del cementerio.

Delante de la herrería, en la parte izquierda, había un potro de herrar los caballos. Era una estructura de madera, más alta que los caballos, y se sujetaban las patas doblabas una a una a ella para poder colocar las herraduras con seguridad. Primero se quitaba la herradura vieja, después se raspaba el casco para dejarlo limpio y liso y se colocaba la nueva herradura. Eran mayormente caballos de labor, pero también había caballos de paseo que siguen siendo muy numerosos en la comarca.

La herrería de Croix-Fonsomme. 1893.

En esta fotografía de 1893 donde aparece mi bisabuelo en el centro con mi abuelo a su izquierda, se ve parte del potro de herrar a la izquierda. Un viaje en el tiempo, de verdad…

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Carbono 14

Como todos sabéis los rayos cósmicos son deshechos de núcleos de átomos, principalmente de protones que nos llegan del espacio intersideral. 700.000 de esos proyectiles atraviesan el cuerpo humano cada segundo. No matan al coronavirus pero pueden tener efectos insospechados: ver fotos.

La interacción de esos protones con los átomos de la atmosfera produce 2 o 3 neutrones por segundo y cm2. De vez en cuando golpean un núcleo de nitrógeno (N14) y expulsan de él un protón y se instalan en su sitio. ¿Y qué pasa? El nitrógeno se transmuta, sin cambiar de peso, en un átomo de carbono (el isótopo 14C). 

Fotógrafo exponiéndose imprudentemente a los rayos cósmicos.
El mismo, poco tiempo después, afectado y empezando a transmutarse.

El átomo de carbono 14 está afectado por el decaimiento radiactivo y evoluciona hacia el nitrógeno 14N con un periodo de semidesintegración de 5730 años. ¿Quién viene al rescate? Unas féminas, como tenía que ser: la Hermanas Oxígeno. En la alta atmosfera donde ha sido creado, el isótopo 14C se une a ellas para formar un ménage à trois, la molécula CO2… ¡Et voilà!

Los seres vivos asimilan el carbono 14 a través de las plantas que absorben CO2 durante toda su vida. La misma proporción de 14C que existe en la atmósfera se encuentra también en la madera viva. Cuando se corta un árbol el intercambio con el aire se interrumpe y los átomos de 14C desaparecen poco a poco. 

Así, un trozo de madera proveniente de la tumba de un faraón tiene mucho menos 14C que la madera recién cortada. Sabiendo cual es la duración de la semivida de 14C, los arqueólogos pueden medir edades entre varios siglos y unos 50.000 años. Así sabemos que esta momia es del III – II siglo antes de JC. Bastante siniestra…

La única momia egipcia del Louvre. Época ptolemaica. ©Carlos de Paz.

¿Qué pasó al final con el fotógrafo antes mencionado?

El Fantasma de Beaubourg.

En el Centro Pompidou llegué a captar esta espectral imagen. Allí se manifestó por primera vez el fotógrafo transmutado en el “Fantasma de Beaubourg”, indignado al ver que este Centro de Arte era en realidad un centro comercial lleno de carritos de la compra que la muchedumbre llenaba con los productos del merchandising que habían adquirido. Desde entonces vaga de museo en museo acechando también para castigarlos a los que se hacen selfies en vez de admirar las obras de arte. ¡¡¡Así que pensáoslo bien antes de sacar el móvil delante de la Mona Lisa!!!

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Al galope. La percepción del tiempo.

Seguidme a las profundidades de la jungla…

Al envejecer, tenemos la sensación que el tiempo pasa cada vez más rápidamente. He encontrado varias explicaciones posibles.

De nuevo y siempre, las matemáticas.

Según el filósofo francés Paul Janet, es el resultado de una reacción cerebral. En 1877 propuso la teoría «proporcional», la duración aparente de un periodo de tiempo en la vida de un hombre es proporcional a la duración total de su vida. A medida que envejecemos percibimos el paso del tiempo de una manera diferente porque el elemento de comparación evoluciona, ya que cada periodo constituye una fracción más pequeña de la vida en su conjunto. Para un hombre de 50, un año es la cincuentava parte de su vida, pero para un pequeño de 2 años, es la mitad de su vida, y eso explica por qué la distancia entre dos cumpleaños le parezca tan larga a los niños.

Por eso, para reflejar nuestra percepción del paso de tiempo hay que considerarlo a escala logarítmica; según esta escala, percibimos periodos de duración diferente como si tuvieran la misma extensión. Dividiendo la vida en tandas, los años vividos entre la edad de 5 y de 10 años nos parecen tan largos como los pasados entre las décadas de los 10 a los 20, de los 20 a los 40 y de los 40 a los 80.

La escala logarítmica permite medir la intensidad del sonido o de los terremotos, fenómenos que no se pueden traducir en una escala lineal por la variabilidad demasiada grande de los datos recogidos. En la escala de Richter cuando se pasa de una magnitud 10 a una magnitud 11, se multiplica por 10.

Si un trabajador tiene que pagar 1.000 € de impuestos y añadimos 1.000 €, le sumamos el 100 %, si añadimos 1.000 € a los 100.000 € que tiene que pagar uno más rico, sólo subimos un 1%. Hemos añadido la misma cantidad, pero el resultado no es el mismo en absoluto.

…Para descubrir una solanácea exótica, la «Datura inoxia»…

La biología, la rutina.

Se encuentran otras explicaciones, como que la biología tiene la culpa: nuestro reloj biológico se degrada progresivamente, debido a que nuestro metabolismo se ralentiza a lo largo de los años. Al envejecer, los latidos del corazón y la respiración se ralentizan, mientras que a los niños la mayor intensidad de la actividad biológica les proporciona la ilusión de un tiempo dilatado.

La dopamina es un neurotransmisor que se activa con cada nueva experiencia y nos ayuda a medir el tiempo que pasa. Diversos estudios demuestran que los cambios biológicos producidos en el cuerpo humano mientras envejece ―como el hecho que después de los 20 años se produce cada vez menos dopamina en el cerebro― tienen un impacto sobre nuestro reloj biológico.

También hay causas que empeoran este sentimiento, como el estrés que causa la idea que nos falta tiempo para realizar todo lo que tenemos que hacer.

…Aquí el fruto de la «Datura inoxia», conocido como estramonio y altamente tóxico…

La rutina también tiene la culpa. El cerebro de un niño reconfigura sin parar sus percepciones del mundo exterior; frente a estímulos desconocidos, su cerebro tarda más en tratar la información y esta intensa actividad síquica le da la impresión que el tiempo pasa despacio, mientras que pasa lo contrario para un adulto atrapado en la rutina diaria. Más nos acostumbramos a la repetición de los mismos acontecimientos, más rápido nos parece que el tiempo pasa.

Con la edad tenemos menos experiencias que suscitan la emoción –como el primer beso, el primer viaje lejos de casa, la primera aflicción. Tales experiencias son más fáciles de recordar y pueden llevar a una sensación del tiempo más alargada.

Cuando vivimos un acontecimiento inesperado, el cerebro ―de repente― tiene que tratar una multitud de información y almacena probablemente una cantidad de recuerdos más ricos y detallados que de costumbre. En nuestro recuerdo el acontecimiento parece más largo de lo que ha sido, como saben los aficionados a la caída libre, y es por eso que los que han vivido un accidente lo recuerdan como una película ralentizada.

…Y su prima hermana, la «Brugmansia arbórea», o árbol de las trompetas…

Nuestro instinto nos hace ahorrar toda la energía posible, así que cuando la vida es previsible nuestra mente utiliza el piloto automático, y tenemos la cabeza en otra parte, por ejemplo cuando nos vestimos o cocinamos estamos en modo automático. Si uno vive en el mismo sitio durante un largo periodo, o se dedica al mismo trabajo durante muchos años, tiene cada vez menos la sensación de novedad y el tiempo se acelera.

Así que, ¡intentemos aprender, estemos abiertos a la novedad y la sorpresa! Un artista que conozco dice que no tiene esta sensación, debe ser porque su mente fértil siempre está creando cosas nuevas… ¡Qué suerte!

Quizás os acordéis de la canción de los Pink Floyd, Time, del album The Dark side of the moon, 1973.

Propongo esta traducción:

Dejando pasar momento a momento los días monótonos, Desperdicias y malgastas las horas en babia, Dando vueltas aburrido en algún descampado de tu ciudad, A la espera de alguien o algo que te muestre el camino.

Cansado de estar tumbado al sol te quedas en casa mirando la lluvia, Eres joven y la vida es larga, y hay tiempo que matar hoy. Y luego, un día te das cuenta que has dejado diez años atrás. Nadie te dijo cuándo tenías que correr, te perdiste el pistoletazo de salida.

Y tú corres y corres para alcanzar el sol, pero se está poniendo, Girando velozmente para volver a salir detrás de ti. El sol sigue igual, relativamente, pero tú eres más viejo, Con menos aliento y un día más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto, nunca pareces encontrar tiempo, Planes que se quedan en nada o en media página de líneas garabateadas, Aguardando en silenciosa desesperación a la manera inglesa. El tiempo se fue, la canción se terminó, Pensaba que tendría algo más que decir…

En casa, En casa otra vez, Me gusta estar aquí Cuando puedo.

Cuando llego a casa Helado y cansado Qué bueno calentar mis huesos Junto al fuego.

Muy lejos, Al otro lado del campo, La campana de hierro repica, Llamando a los fieles a que se arrodillen Para oír el encanto susurrado.

…Así como otra de la misma familia, la «Solandra máxima», igual de venenosa que las anteriores…

(A ver si adivináis dónde están esta jungla y sus peligrosas plantas…)

Para terminar alegremente, os dejo con estas reflexiones sobre la madurez del gran humorista argentino, Roberto Fontanarrosa. Las ha llamado Estamos Distraídos.

« Mi amiga Colette solía decir, y hace ya mucho tiempo, “Estamos en la edad del nunca me había pasado”… Y es así. Decimos: “Es curioso. Nunca me había pasado, me agaché a recoger un tenedor y se me trabaron cuatro vértebras de la columna.”

Escuchamos: Es notable. Nunca me había pasado. Mordí un caramelo de limón y un premolar se me partió en ocho pedazos.

Es que, así como se habla de un Primer Mundo y de un Tercero sin que nadie conozca a ciencia cierta cuál es el Segundo, nosotros hemos pasado de la Primera Edad a la Tercera sin recalar por la Segunda y el cuerpo acusa recibo de tal apresuramiento. El tiempo mismo, incluso, ha tomado una consistencia gelatinosa, plástica, mutante.

Calculamos: “Cuánto hace que se mudo Ricardo a su nueva casa?” Y arriesgamos: “Tres, cuatro años”. Hasta que alguien, conocedor, nos saca de la duda: “Catorce”.

Suponemos ante el amigo encontrado ocasionalmente en la calle: “Tu pibe debe andar por los seis, siete años”. “Tiene diecinueve – nos contesta el amigo – Veni, Tacho!” Y nos presenta a una bestia de un metro ochenta, pelo verde, un clavo miguelito clavado en la ceja y un cardumen de granos sulfurosos en la mejilla.

Se corrobora entonces aquello que, dicen, decía John Lennon: “El tiempo es algo que pasa mientras nosotros estamos distraídos haciendo otra cosa”. Y suerte que estamos distraídos haciendo otra cosa. Mucho peor es aburrirse. Es dulce rememorar ciertos momentos, pero más me entusiasma pensar en las cosas que tengo para hacer. Es que muchos de esos ciertos momentos son muy viejos. Y por tanto vale recordar el consejo dado por Javier Villafañe cuando alguien le preguntó cómo hacía para conservarse tan joven pasados los ochenta años. “No me junto con viejos”, respondió el maestro. Yo quiero agregar lo que un día dijo Jean-Louis Barrault, famoso mimo francés: “La edad madura es aquella en que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.”»

La primera foto es de © Carlos de Paz.

La jungla y el fruto de la Datura inoxia se encuentran en Los Molinos del Río Aguas, en Sorbas. La flor de la Datura está en la rambla, en medio del pueblo de Gérgal, y los dos árboles, en el Parque Nicolás Salmerón, de Almería. Todo en la provincia de Almería, España.

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Relojes de sol

Las matemáticas son maravillosas.

Desde la Antigüedad se utiliza la sombra de un palo llamado gnomon para medir el tiempo. Los egipcios fueron los primeros en hacerlos y hasta levantaron unos gigantescos, los obeliscos, con indicadores diversos a su alrededor.

Obelisco de la Rambla de Belén, Almería

Al mediodía la sombra del palo alcanza su longitud mínima ya que el sol está en el zénit. Para que la orientación del suelo fuera la correcta para indicar la hora se colocaba una placa con una escala que tenía un ángulo dado que permitía leer la proyección de la sombra del gnomon.

¿Y qué pasaba por la noche? Los egipcios también inventaron las clepsidras o relojes de agua que no necesitaban la luz del sol. Eran vasijas de cerámica graduadas que dejaban entrar o salir un líquido gracias a un orificio en su base, calculado para que el líquido fluyera a una velocidad determinada.

Ya puestos,  también inventaron el primer reloj de pulsera, una clepsidra portátil, reservada a los que necesitaban calcular el tiempo como los sacerdotes, los astrónomos o los médicos.

Clepsidra de Karnak

El movimiento de la sombra sobre el cuadrante solar evoca la geometría clásica, con sus líneas rectas, sus figuras regulares y sus curvas lisas.

Iglesia de la Magdalena, Sevilla

En la segunda mitad del siglo pasado, los matemáticos, estudiando las formas de las curvas en la naturaleza (ríos, montañas, nubes, rayos, etc.), se dieron cuenta que las formas regulares no son las más frecuentes. También imaginaron muchos objetos geométricos retorcidos y raros desde el punto de vista de la geometría clásica. Benoît Mandelbrot impulsó el estudio de estas formas fracturadas,  se creó un área de la investigación matemática dedicada a ellas y en 1975 se creó la palabra «fractal» para designarlas.

En 1987, K. Falconer, a partir de esta teoría, llegó a la conclusión que para cualquier conjunto de figuras existe un objeto cuya sombra proyectada sobre un cuadrante producirá, según la dirección de la luz, todas esas figuras.

Con este resultado matemático se imaginó un reloj de sol digital, un aparato sin ningún mecanismo, sin alimentación eléctrica, sin ninguna parte móvil; únicamente provisto de un conjunto de máscaras que producen sombras en forma de cifras. Y estas cifras mostrarían la hora según la posición del sol. Un grupo de inventores se puso manos a la obra y creó este objeto. Una firma alemana lo fabrica, «Digital Sundials International».

Reloj solar digital, “Digital Sundials International”

Colocado en el interior de una ventana con vista al sur (con vista al norte en el hemisferio sur), la hora puede leerse en una pequeña pantalla localizada horizontalmente bajo la cubierta. La pantalla se actualiza cada 10 minutos y ofrece un sorprendentemente preciso registro del tiempo durante las horas diurnas. Antes de enviarlo lo alinean a la localización geográfica del usuario. Quiero uno, ya.

Existe en Jaipur, el laboratorio astronómico de Jantar Mantar, uno de los cinco observatorios astronómicos construidos en la India por el maharajá Jai Singh en 1728. Es un conjunto extraordinario de monumentos que proyectan sombras. Los obeliscos se quedan cortos a su lado…

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In illo tempore

Abolir el tiempo

Mircea Eliade, publicado por Il Giornale

Mircea Eliade (1907-1986) es filósofo, historiador de las religiones y novelista rumano. En su  Tratado de historia de las religiones presentó un planteamiento inédito tanto de la dialéctica como de la morfología del fenómeno religioso. En él se redescubrían el mito y el símbolo, el espacio y el tiempo sagrados y las diversas hierofanías (manifestación de lo sagrado, revelación de una modalidad de lo sagrado) biológicas y cósmicas. Su obra cumbre es la Historia de las creencias y de las ideas religiosas, coronación de todas sus obras anteriores.

Otra obra fundamental suya es El mito del eterno retorno. Arquetipos y repetición, donde estudia los conceptos fundamentales de las sociedades arcaicas. Según él, al hombre de las culturas arcaicas le cuesta aguantar la «historia» y trata de abolirla periódicamente. Las sociedades «primitivas» se rebelan contra el tiempo concreto, histórico, sienten nostalgia de una vuelta periódica al tiempo mítico de los orígenes, al Gran Tiempo. Platón se podría considerar como el filósofo por excelencia de la mentalidad primitiva.

La torre de Babel,  Pieter Brueghel el Viejo, hacia 1563

El primitivo, otorgando al tiempo una dirección cíclica, anula su irreversibilidad. No se produce nada nuevo en el mundo, ya que todo es solamente repetición de los mismos arquetipos primordiales. Se suprime el tiempo imitando los arquetipos y repitiendo gestos paradigmáticos. Por la paradoja del rito, el tiempo profano, la duración y la «historia» quedan suspendidos; todo sacrificio repite el sacrificio inicial y coincide con él. Todos los sacrificios se producen en el mismo instante mítico del Comienzo. Los actos o los objetos adquieren cierta realidad por la repetición de gestos paradigmáticos, todo lo que no tiene un modelo ejemplar está desprovisto de sentido, es decir, no es real.

Todos los fenómenos terrestres abstractos o concretos corresponden a términos celestes, transcendentes, invisibles, a «ideas» en el sentido platónico. La creación está desdoblada, en particular los templos y las ciudades  (todas las ciudades babilónicas tenían su arquetipo en las constelaciones). El modelo precede la realización terrestre como la Jerusalén celeste o todas las ciudades reales indias que están construidas sobre el modelo mítico de la ciudad celeste donde vivía en la Edad de Oro (in illo tempore = en aquel tiempo, en aquella época mítica) el Soberano Universal. Del mismo modo, la ciudad ideal de Platón tiene también un arquetipo celeste.

La ciudad ideal llamada “de Baltimore”, atribuida a Fra Carnevale, ca. 1480-1484
(Walters Art Museum, Baltimore).

Esta proyección en el tiempo mítico sólo se produce en los intervalos esenciales, es decir cuando el hombre es verdaderamente él mismo, en los rituales o los actos importantes de la vida. El resto de su existencia transcurre en el tiempo profano y desprovisto de significado, en el «devenir». Los textos del brahmanismo muestran claramente la heterogeneidad de los dos tiempos, por un lado, el sagrado de los dioses conectados a la «inmortalidad» y por otro, el profano de los hombres conectados a la muerte.

Pero todo esto es peccata minuta, sólo un recordatorio. Lo importante viene ahora.

En 2007, Francis Ford Coppola escribió, produjo y dirigió El hombre sin edad (Youth Without Youth), un drama fantástico, basado en el relato Tiempo de un centenario de Mircea Eliade. Coppola dijo que esta película era una meditación sobre el tiempo y la consciencia, que considera una «ilusión cambiante en su rica complejidad», que también se podía apreciar como una bella historia de amor, o como un misterio. Tim Roth, Alexandra Maria Lara, Bruno Ganz y Matt Damon son los principales actores.

Tim Roth, Matt Damon y Hansell Campos en «El hombre sin edad».

Las críticas fueron demoledoras. Por ejemplo ver la de boston.com, que dice entre otras cosas: «Después de ser alcanzada por un rayo, Veronica (Lara) empieza a hablar en sanscrito, comunicándose con una monja hindú del siglo XIV llamada Rupini antes de adentrarse de nuevo en el tiempo lingüístico hacia la antigua Babilonia y más allá. »…

O la de Diego Lerer, del diario argentino Clarín: “Película fallida pero fascinante, (…) deja por lo menos en claro que, más allá del rayo que le desorganizó el cerebro (¿o será el éxito de sus viñedos?), Coppola sigue siendo fiel a su universo.”

Debe ser la bomba, estoy loca por verla.

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