Perturbación

Los dos libros con sobrecubiertas hechas con fotos mías.

En Todas las almas  (1989) y Negra espalda del tiempo (1998) Javier Marías habla del enigma irresoluble del tiempo, de la verdad, la ficción, la existencia y la memoria. Los dos libros, muy densos y estrechamente unidos, ahondan en el abismo de la muerte, de la pérdida, de lo que pudo ser. La obra de Javier Marías, uno de los más grandes escritores vivos ―« […] y tal vez el más profundo y arriesgado», según la reseña de la editorial Alfaguara del libro de 2007 Tu rostro mañana (Vol. 3 – Veneno y sombra y adiós), ha sido muy estudiada y analizada. No pretendo competir con los especialistas que lo han hecho, sólo quiero hablar de unos aspectos que me interesan. Como es bien sabido, Marías está impregnado de cultura anglosajona; el título del segundo libro proviene de una potente metáfora de Shakespeare «negra espalda del tiempo», palabras que el Bardo, en La Tempestad, pone en boca de su personaje Prospero, extrañado que su hija Miranda se acuerde de cosas de su primera infancia:

« […] but how is it / That this lives in thy mind? What seest thou else / In the dark backward and abysm of Time

«Pero ¿cómo es posible / que persista esto en tu memoria? ¿Qué ves aun / En la negra espalda y abismo del tiempo?» (Shakespeare The Tempest (1611) Acto I, escena 2)

Shakespeare ya hacía un uso poco común de la palabra inglesa backward (hacia atrás), que era y sigue siendo principalmente adverbio y adjetivo. La usa como nombre y es posible que fuera el primero en hacerlo ya que los diccionarios datan en 1610 su primera aparición como tal, que era cuando escribía La Tempestad.

Shakespeare, La Tempestad

Marías, después de explicar que es zurdo y que cuando aprendió a escribir ponía las letras de su nombre al revés, de derecha a izquierda, dice: « […] a veces pienso que para alguien que empezó escribiendo y leyendo en ese sentido inverso […], el tiempo ha de ser distinto que para la mayoría que nunca ha intentado ir de atrás hacia adelante sino siempre ha marchado de delante atrás, o no ha tratado de empezar por el fin sino acomodarse a él, esto es, a su espera y a su temor y llegada; y a veces pienso que tal vez por eso transito a menudo por lo que en varios libros he llamado ‘el revés del tiempo, su negra espalda‘, tomando de Shakespeare la misteriosa expresión y por dar algún nombre al tiempo que no ha existido, al que nos aguarda y también al que no nos espera y no acontece por tanto, o sólo en una esfera que no es temporal propiamente y en la que quién sabe si no se hallará la escritura, o quizá solamente la ficción».

Hablando de su maestro Juan Benet que afirmó: « […] que es el tiempo la única dimensión en que pueden hablarse y comunicarse los vivos y los muertos, la única que tienen en común», dice: «No lo entiendo a no ser que piense más bien en ese revés o esa negra espalda por la que discurre la voz antojadiza e imprevisible que sin embargo conocemos todos, la voz del tiempo cuando aún no ha pasado ni se ha perdido y quizá por eso ni siquiera es tiempo, esa voz que oímos permanentemente y que es siempre ficticia, yo creo, como tal vez lo es y lo ha sido y lo será hasta su término la que aquí está hablando».

«Saber que en un momento dado habrá que renunciar a todo es lo insoportable, para todo el mundo. […] Yo comprendo muy bien a quien lamenta morirse […] No es sólo que todo pueda aún darse, la noticia inimaginable, el giro de todos los acontecimientos, los sucesos más extraordinarios, los descubrimientos, el vuelco del mundo. El revés del tiempo, su negra espalda… Es también que son tantas las cosas que nos retienen».

«No, no nació aquel Manera a quien se vaticinó y se esperaba para concluir una maldición que quedó incompleta por su inexistencia, y tal vez pendiente (y acaso ha habido alguna vez nada que no quedara inconcluso); y quizá ese ausente todavía transita por el envés y la negra espalda y abismo de tiempo junto con todo lo que no ha ocurrido y lo que sí ha sucedido sin dejar sin embargo una huella ni un rastro ni humo ni vaho, y con lo acontecido que no puede reproducirse y ya no es posible y está descartado por tanto, y también con lo que aún se debate entre el recuerdo afilado y el tuerto olvido […]».

Negra espalda y abismo…

A propósito de su hermanito Julianín que murió con tres años y medio, dice: « […] y qué, si mi hermano se difuminó y despidió tan pronto, como si la débil rueda del mundo hubiera carecido de fuerzas para incorporarlo del todo a su giro y el tiempo de tiempo para asistir a sus afanes y afectos y agravios, o hubiera tenido prisa por desprenderse de su voluntad incipiente y hacerlo así transitar por su revés o su negra espalda convertido en un fantasma».

Como vemos, resulta profundamente perturbador, como lo son los dos libros. Lo siguiente, que aparece en Todas las Almas, no lo es menos. Marías explica cómo la estancia del narrador en Oxford era una perturbación, pero «no tenía en cierto sentido nada de particular, en la medida en que todos los que viven allí están perturbados o son unos perturbados. Pues no están en el mundo». El narrador sí está en el tiempo y en el mundo, en Madrid. Sin embargo no lo está en Oxford «ya que allí nadie lo ha conocido en su infancia o su juventud, nadie ha sido testigo de su continuidad».

« […] pues es durante la infancia cuando más instalado se está en el mundo, o por decirlo de manera precisamente infantil, cuando el mundo es más mundo, y el tiempo tiene mayor sustancia, y los muertos aún no se han convertido en la mitad de la vida».

No puedo evitar verme reflejada en sus palabras, estando yo también perturbada, por vivir en un país extranjero donde nadie me ha conocido en mi infancia y mi juventud. Por eso la muerte de mi madre fue una tragedia mayor, de repente la que me había conocido desde mi nacimiento (y querido incondicionalmente, claro), la que más me unía a mi pasado, a mi cultura, a mi país, había dejado de existir. Además, también tuve una hermanita que murió siendo bebé y transita por esa negra espalda del tiempo.

Para nuestro consuelo, los objetos que pertenecieron a los muertos, cumplen una función: «cuando alguien falta nos damos cuenta de la transmisión perpetua y callada entre las personas y las cosas, y así éstas cobran vida vicaria y se hacen testigos y metáforas y emblemas y se erigen en el hilo de la continuidad a menudo; y parece entonces que encierren las vidas imaginarias y las no cumplidas y las malogradas, o acaso es que son los objetos lo único que concilia y nivela presente y pasado, y hasta el futuro si duran y no son destruidos. Precisamente porque siguen viviendo sin añorarnos no cambian, y en eso nos son leales».

Mesa antigua que perteneció a mis padres

Hablando de los juguetes de Julianín, aborda otro tema también extremadamente inquietante, que retoma un poco más adelante en el libro:

«Aquellos pocos juguetes, aunque anticuados y algo aburridos, gozaban de prestigio entre nosotros, y habían sido guardados por lo que dije antes, supongo, porque está establecido que nuestros vestigios y emanaciones y efectos no desaparezcan a la vez que nosotros». 

«No es sólo que todo pueda volver a pasar, es que no sé si en realidad nada ha pasado ni se ha perdido, a veces tengo esa sensación de que todos los ayeres laten bajo la tierra como si se resistieran a desaparecer del todo, el enorme cúmulo de lo conocido y lo desconocido, lo contado y lo silenciado, lo registrado y lo que nunca se supo o no tuvo testigos o fue ocultado, una masa ingente de palabras y acontecimientos, pasiones y crímenes e injusticias […]».       

Casquillos de obuses en casa de mis abuelos, unos sin modificar y otros transformados en adornos por mi abuelo.

No puedo evitar pensar en algo que pasó una vez en Francia, en la Picardie, encrucijada de caminos, territorio donde todas las guerras tuvieron lugar, mil veces invadido. Allí estuvieron los romanos, los normandos, los españoles que sitiaron la ciudad de San Quintín en 1557, al lado de mi pueblo, que durante casi dos siglos fue limítrofe con los Países Bajos ocupados (cuando se iba al pueblo de al lado se decía: « Voy a España».

En el huerto de la casa de mi infancia, a lo largo de los años, cada vez que mi padre removía la tierra, encontraba restos del pasado, desde sestercios romanos a cascos de punta de los prusianos y una desmesurada cantidad de balas y obuses pequeños sin estallar de ambas guerras mundiales, ya que el pueblo fue invadido y bombardeado tanto en la primera como en la segunda.

Un día, estando allí, mi pareja, con su sensibilidad de artista, de repente oyó y sintió el retumbar de los pasos de los soldados alemanes en la calle-carretera, absolutamente como algo real, y se quedó perturbado mucho tiempo por ello. No es una persona que crea en lo sobrenatural y no fue autosugestión, ni nada por el estilo, ni siquiera estaba pensando en la guerra, estaba cocinando tranquilamente. Es que el lugar está impregnado hasta la médula de tantos hechos terribles.

Croix-Fonsomme, calle Principal

Hay un leitmotiv muy poético que recorre la obra de Marías, asociado a las palabras que el Otelo de Shakespeare pronuncia justo antes de matar a Desdémona: él de la convivencia de la luz artificial y la del sol, que se puede interpretar como el símbolo del tránsito de la vida a la muerte, la ambigua relación entre ambas: «Todo es más misterioso, es más bien una prolongación artificial, atenuadora e inerte de lo que ya ha cesado y una resistencia protocolaria a ceder el paso o a señalar el inicio de lo que llega, como esas farolas que permanecen encendidas todavía un rato cuando ya ha amanecido en las grandes ciudades y en las aldeas y en las estaciones de trenes y en los apeaderos vacíos, y aún se mantienen parpadeantes y erguidas ante la luz natural que avanza y las convierte en superfluas».

«Más bien nada pasa ni nada está ni nada pasa, y nada hay que no sea como el lento relevo de luces que veo a veces desde mis ventanas mientras no me duermo o ya estoy despierto […]» 

« […] esas lumbres palidecientes no son ya una amenaza, y hasta parece frenarse un poco en su propio despliegue como si les concediera un tiempo para acostumbrarse a su inutilidad llegada y a la idea de su acabamiento (‘Apaga la luz, y luego apaga la luz’, dos veces hubo de decírselo Otelo para asimilarlo, aunque ya estuviera decidido a hacerlo) […]».

« […] y sin embargo son el testimonio respetuoso y benigno de que existió lo que ya ha cesado: hasta que la soñolienta mano de algún funcionario repara en el despilfarro y apaga la luz, y luego la apaga.»

«Esas farolas que permanecen encendidas todavía un rato cuando ya ha amanecido…»

Finalmente quisiera resaltar otro aspecto que me parece muy importante en nuestra época en la que, con el pretexto de que “hay que informar al público”, se insiste con morbo en explicar, mostrar y repetir hasta la saciedad todos los hechos abominables que tienen lugar. Una cosa es condenarlos, denunciarlos y castigarlos, y otra recrearse en su inmundicia.

En Todas las Almas Marías dice: « […] siempre han ocurrido demasiadas cosas atroces, no veo por qué hay que volver a hablar de ellas, ni por qué hay que intentar enterarse de las que teníamos la suerte de no saber […]».

Es un tema del que habló en Tu rostro mañana: «Hoy existe un gusto por exponerse a lo más bajo y vil, a lo monstruoso y a lo aberrante, por asomarse a contemplar lo infrahumano y por rozarse con ello como si tuviera prestigio o gracia». «Hay acciones tan abominables o tan despreciables que cometerlas debería anular cualquier curiosidad posible por quienes las realizan y no crearla ni suscitarla». Por pudor, por decencia, para no satisfacer el ego de los criminales ni incitar a otros a imitarlos, no se debería entrar en detalles, ni enseñar fotos o vídeos.

Necrópolis nacional de Rancourt. Batalla del Somme, Gran Guerra.

Leer a Javier Marías, sus libros, sus columnas, es tan gratificante y enriquecedor, que sólo me queda invitaros a que lo hagáis y terminar con el título que Guillermo Cabrera Infante da a la reseña publicada por El País que sirve de epílogo a Negra espalda del tiempo: «¡Ave Marías!», tú que estas en lo más alto de mi Panteón literario.

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La madalena de Proust

La famosa madalena… Todos han oído hablar de ella, pero ¿cuántos saben realmente lo que significa y han leído “En busca del tiempo perdido” (escrito de 1908 a 1922) de Marcel Proust hasta el final? ¿Por qué muchos rehúyen el libro, como si fuera ilegible, difícil, al alcance de pocos? Sin embargo es una obra maestra, una de las más grandes creaciones literarias de la historia, un libro maravilloso, una novela que ofrece reflexiones profundas sobre el arte, extraordinariamente bien escrita, de una fineza, profundidad, sensibilidad, delicadeza que muy pocos escritores han alcanzado en el mundo. Personalmente la he leído tres veces, los siete tomos, en la juventud, la edad madura y, la vejez, hace poco, siempre con el mismo placer. Os animo a leerla encarecidamente.

El gran problema es la traducción, que ha sido un reto para los profesionales. Conviene comprar la edición que tiene la mejor traducción posible. Este interesante artículo os orientará sobre el tema. Por lo que dicen, me inclinaría por la traducción de Carlos Manzano, editado por Lumen, Barcelona. Como no la tengo, he traducido yo misma los fragmentos que reproduzco.

Se comprende que los que no han leído el libro crean que la «madalena» es algo que evoca recuerdos de la infancia y que cada vez que «pensamos» en ello nos acordamos gratamente de ella. A veces, también los que lo han leído lo reducen a algo simplista, como ocurre en la simpática serie documental de la 2 llamada Las recetas de Julie, que tiene unos episodios dedicados a lo que comían grandes artistas o escritores. En el programa titulado: A la mesa de Marcel Proust, emitido el 16-12-20 varias personas se reúnen en el pueblo de Illiers-Combray ―donde la familia de Proust solía ir a menudo, a casa de su tía― para hablar, cocinar y comer juntos lo que se comía en casa del escritor. Julie, muy agradable presentadora, pregunta: « ¿Cuál era vuestra madalena? Una de las repuestas es: Cada vez que como gobios fritos, vuelvo atrás en el tiempo». Esta serie no se dedica al estudio literario, es cierto, pero la participante de los gobios era catedrática de letras modernas y había escrito varios libros sobre Proust…

La casa de la tía Léonie. Foto de l’Écho républicain

De lo que Proust habla es de otra cosa mucho más importante, decisiva en su vida; de hecho, la base de su obra. Lo que se suele llamar «el episodio de la madalena» son en realidad múltiples epifanías, revelaciones repentinas de algo que va mucho más allá del simple recuerdo:

Marcel Proust. À la recherche du temps perdu | Tome I Du côté de chez Swann:

« Ma mère […] envoya chercher un de ces gâteaux courts et dodus appelés Petites Madeleines qui semblent avoir été moulés dans la valve rainurée d’une coquille Saint-Jacques. Et bientôt, machinalement, accablé par la morne journée et la perspective d’un triste lendemain, je portai à mes lèvres une cuillerée du thé où l’avais laissé s’amollir un morceau de madeleine. Mais à l’instant même où la gorgée mêlée des miettes du gâteau toucha mon palais, je tressaillis, attentif à ce qui se passait d’extraordinaire en moi. Un plaisir délicieux m’avait envahi, isolé, sans la notion de sa cause. Il m’avait aussitôt rendu les vicissitudes de la vie indifférentes, ses désastres inoffensifs, sa brièveté illusoire, de la même façon qu’opère l’amour, en me remplissant d’une essence précieuse : ou plutôt cette essence n’était pas en moi, elle était moi. J’avais cessé de me sentir médiocre, contingent, mortel. D’où avait pu me venir cette puissante joie ? Je sentais qu’elle était liée au goût du thé et du gâteau, mais qu’elle le dépassait infiniment, ne devait pas être de même nature. D’où venait-elle ? Que signifiait-elle ? Où l’appréhender?».

Marcel Proust. En busca del tiempo perdido | Volumen I Por la parte de Swann:

«Mi madre mandó por uno de esos bollos, cortos y rechonchos, que llaman madalenas, que parecen haber sido moldeados en la concha acanalada de una vieira. Y en seguida, sin pensar, agobiado por el día monótono y la perspectiva de otro día triste por venir, me llevé a los labios una cucharada de té donde se había ablandado un trozo de madalena. En el mismo momento en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, pendiente de algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin que supiera qué lo causaba. De repente había hecho que las vicisitudes de la vida me fueran indiferentes, sus desastres inofensivos, su brevedad ilusoria, obrando como lo hiciera el amor, llenándome de una esencia preciosa, o más bien esa esencia no estaba en mí, era yo mismo. Había dejado de sentirme mediocre, contingente, mortal. ¿De dónde había podido llegar aquella alegría tan fuerte? Sentía que estaba unida al sabor de té y del bollo, pero que lo superaba infinitamente, que no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía? ¿Qué significaba? ¿Dónde capturarla?»

Este es el primero de esos momentos y aparece al principio de la obra. Más adelante habrá otros, y en el último tomo, Proust explica su naturaleza y las consecuencias que tuvieron en su vida.

Marcel Proust. À la recherche du temps perdu | Tome VII Le temps retrouvé:

«Or, cette cause, je la devinais en comparant entre elles ces diverses impressions bienheureuses et qui avaient entre elles ceci de commun que je les éprouvais à la fois dans le moment actuel et dans un moment éloigné où le bruit de la cuiller sur l’assiette, l’inégalité des dalles, le goût de la madeleine allaient jusqu’à faire empiéter le passé sur le présent, à me faire hésiter à savoir dans lequel des deux je me trouvais ; au vrai, l’être qui alors goûtait en moi cette impression la goûtait en ce qu’elle avait de commun dans un jour ancien et maintenant, dans ce qu’elle avait d’extra-temporel, un être qui n’apparaissait que quand, par une de ces identités entre le présent et le passé, il pouvait se trouver dans le seul milieu où il pût vivre, jouir de l’essence des choses, c’est-à-dire en dehors du temps. Cela expliquait que mes inquiétudes au sujet de ma mort eussent cessé au moment où j’avais reconnu, inconsciemment, le goût de la petite madeleine, puisqu’à ce moment-là l’être que j’avais été était un être extra-temporel, par conséquent insoucieux des vicissitudes de l’avenir. Cet être-là n’était jamais venu à moi, ne s’était jamais manifesté qu’en dehors de l’action, de la jouissance immédiate, chaque fois que le miracle d’une analogie m’avait fait échapper au présent. Seul il avait le pouvoir de me faire retrouver les jours anciens, le Temps Perdu, devant quoi les efforts de ma mémoire et mon intelligence échouaient toujours».

Marcel Proust. En busca del tiempo perdido | Volumen VII El tiempo recobrado:

«Ahora bien, adivinaba la causa comparando aquellas diversas impresiones felices que tenían en común que las sentía a la vez en el momento actual y en un momento lejano donde el ruido de la cuchara sobre el plato, la desigualdad de las losas, el sabor de la madalena hacían que el pasado invadiera el presente y me hacía dudar en cuál de los dos me encontraba; en realidad, el ser que entonces saboreaba en mí aquella impresión, saboreaba en ella lo que era común a un día antiguo y al presente, lo que tenía de extra­-temporal, y ese ser sólo aparecía cuando, gracias a una de aquellas identidades entre el presente y el pasado, podía encontrarse en el único medio donde podía vivir, gozar de la esencia de las cosas, es decir fuera del tiempo. Eso explicaba la desaparición de mis inquietudes acerca de la muerte en el momento en que había reconocido, inconscientemente, el sabor de la madalena, ya que en ese momento, el ser que yo había sido era un ser extra-temporal, por tanto despreocupado de las vicisitudes del porvenir. Ese ser sólo se había acercado a mí, sólo se había manifestado, fuera de la acción, del goce inmediato, cada vez que el milagro de una analogía me había permitido escapar del  presente. Sólo él tenía el poder de hacerme recobrar los días antiguos, el Tiempo Perdido, ante lo cual los esfuerzos de mi memoria y de mi inteligencia fracasaban siempre».

Lo que Proust había revivido era mucho más que un momento del pasado, era «un poco de tiempo en estado puro» y que el ser que había renacido en él «sólo se nutre de la esencia de las cosas». Comprendió que había saboreado «fragmentos de existencia sustraídos al tiempo» y que el placer que había sentido «era el único fecundo y verdadero ». Supo que ya podía emprender la obra de arte que había aplazado durante tanto tiempo porque no había podido alcanzar la realidad oculta en el fondo de sí mismo.

Marcel Proust. À la recherche du temps perdu | Tome VII Le temps retrouvé :

«[…] il fallait tâcher d’interpréter les sensations comme les signes d’autant de lois et d’idées, en essayant de penser, c’est-à-dire de faire sortir de la pénombre ce que j’avais senti, de le convertir en un équivalent spirituel. Or, ce moyen qui me paraissait le seul, qu’était-ce autre chose que faire une œuvre d’art?

Quant au livre intérieur de signes inconnus […], pour sa lecture personne ne pouvait m’aider d’aucune règle, cette lecture consistant en un acte de création où nul ne peut nous suppléer, ni même collaborer avec nous. Aussi combien se détournent de l’écrire.

[…] les excuses ne figurent point dans l’art, les intentions n’y sont pas comptées, à tout moment l’artiste doit écouter son instinct, ce qui fait que l’art est ce qu’il y a de plus réel, la plus austère école de la vie, et le vrai Jugement dernier.

[…] pour exprimer ces impressions, pour écrire ce livre essentiel, le seul livre vrai, un grand écrivain n’a pas, dans le sens courant, à l’inventer puisqu’il existe déjà en chacun de nous, mais à le traduire. Le devoir et la tâche d’un  écrivain sont ceux d’un traducteur».

Marcel Proust. En busca del tiempo perdido | Volumen VII El tiempo recobrado:

« […] había que procurar interpretar las sensaciones como los signos de leyes y de ideas, intentando pensar, es decir, hacer salir de la penumbra lo que había sentido, convertirlo en un equivalente espiritual. Ahora, el único medio de hacerlo, ¿qué era sino hacer una obra de arte?

En cuanto al libro interior de signos desconocidos […] nadie podía ayudarme a leerlo con regla alguna, ya que esta lectura consistía en un acto de creación en el que nadie puede sustituirnos, ni siquiera colaborar con nosotros. Por eso, ¡cuántos evitan escribirlo!

[…] las excusas no existen en el arte, pues en el arte no cuentan las intenciones, el artista debe escuchar en todo momento su instinto, por lo que el arte es lo más real que existe, la más austera escuela de la vida, y el verdadero Juicio Final.

[…] para expresar esas impresiones, para escribir ese libro esencial, el único libro verdadero, un gran escritor no tiene que inventarlo en el sentido corriente porque ya existe en cada uno de nosotros, sólo tiene que traducirlo. El deber y la tarea de un escritor son los de un traductor».

Así fue cómo, a partir del momento que entendió el sentido de esas sensaciones, se puso a escribir su gran obra que terminó poco antes de su muerte, a la edad de tan solo 51 años, en 1922. No puedo evitar pensar en Dickens, que había empezado a escribir desde la temprana juventud pero no tuvo la suerte de poder terminar su última obra y también dejó este mundo demasiado temprano, a la edad de 58 años, en 1870. Ambos siguen iluminando este mundo de tinieblas.

Para terminar con una nota más ligera diré que una vez tuve una experiencia que se le parecía a la «madalena». Al oler una glicinia estuve transportada de una manera fulgurante a un momento de mi infancia feliz, en la casa de mis abuelos donde había una glicinia que corría a lo largo de toda la fachada y era para mí una gran fuente de placer. Fue una impresión muy fuerte tal como la cuenta Proust, una sensación global de revivir el pasado en su plenitud y me causó la misma felicidad. ¡Pero «no pudo dar lugar a la creación», ya que«no podía crear fuerzas y hacer de mí la escritora que no era», como dice el escritor de su personaje Swann! No obstante, fue algo extraordinario y estremecedor, diferente a todo, ¡extremadamente gratificante!

Aquí estoy, en brazos de mi abuela, delante de su casa, con la glicinia colgando de la fachada.

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Terque. Un viaje en el tiempo.

Vista de Terque desde el cerro Marchena

Los forasteros deben saber que estando Almería en el sur de España y al borde del mar, llueve muy poco y no hace frío nunca. Sólo hay dos estaciones, el verano, cálido y el invierno, templado. A veces, durante el verano, cuando sopla el Levante, aparecen las calores, pero nunca es ese calor de muerte del interior, como en Granada o Écija ―la bien conocida sartén de Andalucía― y desde octubre a mayo se disfruta del sol y de temperaturas suaves.

Un amigo extranjero y una almeriense de adopción que sigue los usos del lugar

Los extranjeros van en camiseta y no entienden por qué nos ponemos chaquetones y bufandas…, como se puede ver en la foto anterior, tomada en el mes de enero, en Terque. En esta época es una gozada pasear por la provincia, ir despacio por el valle del río Andarax y disfrutar de los pueblos, parase a comer algo sencillo en un barecito, visitar la iglesia, que una vecina nos abre, orgullosa de mostrarla.

Hay un pueblo de esta comarca que es mi predilecto; un pueblo bello, amable y notable por sus extraordinarias iniciativas y actividades, Terque. ¡Tiene menos de 400 habitantes, pero cinco museos!

Un bello rincón del pueblo

Todos los años, en octubre, organizan una Muestra de Oficios Antiguos; este año tenía que haber sido la 18ª, pero no tengo noticias de que se haya celebrado, la pandemia también nos ha privado de este placer.

El Ayuntamiento y los Museos de Terque impulsan esta actividad, apoyados por la Diputación Provincial y se involucra gran parte de la población del municipio. La gente se viste con trajes de época, participan artesanos y empresarios que vienen de la Alpujarra granadina y almeriense, así como de varios puntos de la provincia. El año pasado se mostraron más de 50 oficios. Los museos están abiertos todo el día y se trasladan a la calle. Albergan una variedad y abundancia asombrosa de enseres, herramientas, objetos y muebles, perfectamente cuidados.

El Museo Etnográfico, dedicado al patrimonio etnográfico de Terque y de la provincia de Almería en general, tiene la mejor colección de la provincia: tiendas, escuela, ambiente doméstico, oficios…

Museo Etnográfico. Antigua botica.

El Museo Provincial de la Uva del Barco nos lleva a la época de esplendor de la localidad (1895-1914), cuando se exportaba la variedad, típica de Almería, llamada uva de Ohanes, a Gran Bretaña, Nueva York, Alemania, países del Báltico y Escandinavia, América Latina, Rusia y otros países.

Los trabajos relacionados con la agricultura parralera han sido el eje vertebrador de las actividades del pueblo, entre ellos destacan la elaboración de los tradicionales barriles para la uva de embarque y los trabajos del enfaenado de la uva, como la limpieza, el envasado y el transporte.

Faena de la uva. Mujeres de Terque.
Uvas de parrales.

El Museo de la Uva del Barco ha desarrollado el Programa de Recuperación de Variedades Históricas de Uva de Mesa de Almería. Para ello, se ha plantado en la vega de Terque un parral que alberga 43 variedades históricas de uva. Distintos eventos nos permiten conocer estas uvas tradicionales que están siendo salvadas de su posible desaparición, gracias a la colaboración de parraleros de toda la provincia, como las Muestras de variedades históricas de uva de mesa de Almería y homenaje a sus parraleros, con degustación incluida. También se hacen campañas de distribución de parras, donde se dan cepas a parraleros, particulares e instituciones para plantarlas. Así se frena el deterioro de los paisajes parraleros, que vuelven a valorizarse. Esta iniciativa permite que lo mejor del pasado vuelva a estar presente con la conservación de la biodiversidad de la uva de mesa y nos permita disfrutar del sabor de una variedad de frutos, lejos de la uniformidad de la fruta normalizada.

Parrales de Terque.

El Museo de la Escritura Popular custodia más de 10.000 cartas y documentos personales o comerciales.

Museo de la escritura popular. Escritura comercial.

La Modernista, tienda de tejidos y géneros confeccionados, abrió en 1903 en Alhabia. Ha sido recuperada y trasladada a Terque.

La Cueva de San José es un espacio cultural del Ayuntamiento de Terque dedicado a exposiciones, conciertos y conferencias. Cada año, los Museos de Terque presentan allí una nueva exposición monográfica temporal.

Cueva de San José.

Se encuentra en el precioso Cerro de la Cruz, barrio de cuevas, donde podemos visitar también la Casa-Cueva de Anica Dolores, una casa particular con su mobiliario y enseres que ha sido cedida por su propietario a los Museos. Es otro espacio expositivo, extraordinario ejemplo de vivienda troglodítica.

En Terque se hace un extraordinario viaje al tiempo lento de antaño. Volvemos a los oficios ya desparecidos o que sólo existen de forma residual. Hoy todo se hace en la fábricas con máquina, cada vez más rápido; los artesanos, con su trabajo primoroso, hecho con las manos, van quedando en el olvido. Dedicaban su vida al oficio, entraban de aprendiz siendo niños, tardaban años en aprender el arte que ejercían con orgullo. Realizar un trabajo de principio a fin era muy gratificante, hacía feliz a la gente. Antes, y no hace tanto tiempo, había pequeños talleres en ciudades y pueblos, en pequeños locales, en los bajos de las casas. La gente se conocía, eran negocios cercanos. Había oficios ambulantes, como el afilador ―todavía resisten algunos― o el lañador que reparaba puchero y utensilios de loza o porcelana por medio de grapas llamadas lañas.

Encaje de bolillos. Asociación El Mundillo de Almería. Mª Isabel Lora Ferrer.

Durante la jornada de la Muestra hay un ambiente increíble en Terque, la población llega a multiplicarse por 15, la gente pasea, admirando el trabajo de los artesanos y preguntando por su oficio. El ayuntamiento organiza una gigantesca paella, los bares están a tope, el olmo centenario cubierto de su manto otoñal cobija a los paseantes. Todo el mundo disfruta de lo lindo.

Boticario Andrés Costa Cervantes, de Terque, haciendo una crema facial.

El director de los Museos y responsable técnico de las actividades, Alejandro Buendía, realiza “…una impresionante labor de recuperación, conservación y difusión de un patrimonio frágil y en riesgo de extinción como es el patrimonio etnográfico…”, según la Asociación de los Amigos de la Alcazaba de Almería que le otorgó su premio Alcazaba 2012. Cuenta con la implicación y el apoyo incondicional de los vecinos de Terque que participan en la creación de las colecciones y tienen una presencia activa en todas las actividades: investigaciones, exposiciones y publicaciones.

Entre éstas se encuentra El Almario, “Alacena de los Recuerdos” del Museo Etnográfico, que guarda en vídeos “la memoria de lo que quiere desaparecer en el olvido,… las frágiles historias de la gente corriente.

Pirotecnia. José A. Blanes Cuadra.

A la Muestra vienen músicos, grupos de danza y charangas, para alegrar más aún la fiesta.

Cuadrilla Taller de Danza Bolera Gregorio.

Se puede comprar toda clase de cosas ricas: uvas, embutidos, quesos, dulces…

La matanza.

O adquirir cestitos que vemos hacer en directo.

Artesanía de caña. Sebastián Amador, de Gádor.
Telar. Ángeles López Fernández de Laujar.
Hilandera. Maribel Morales Pedrosa de Alhama.

Muchos otros oficios están representados, como el afilador, el alfarero, el escobero, el encuadernador, el hojalatero, el cartero, el panadero, el tornero… Se puede ver como se hacían velas o jabones y como se fabricaban los barriles para la uva y como los transportaban en burros. En la fiesta, los niños son los que suben en los burros para dar paseos.

Los organizadores intentan hacer una fiesta singular, alejada de las comerciales fiestas “medievales” que se realizan en muchas partes de España y a mi juicio, lo logran perfectamente, gracias a la participación de los habitantes y la variedad y calidad de los artesanos.

(He utilizado como fuentes la Diputación de Almería y los Museos de Terque en toda la entrada)

Desfarfollar panizo. Niños de Terque.
Grabados en placas de cobre. Antonio Egea de Vélez Rubio.

Si no conocéis el pueblo, os animo a que vayáis, no os cansaréis de disfrutar en cualquier momento de los museos y de sus calles y plazas encantadoras, muy bien cuidadas por sus amables vecinos.

Un callejón con encanto.

Todo esto me ha traído a la memoria el pueblo de mi niñez, en el norte de Francia, donde había todavía algunos artesanos. Mi abuelo fue el herrero hasta 1953; al año siguiente, de los 304 habitantes, quedaban todavía mi abuela modista, un apicultor, un panadero, un carbonero, un zapatero remendón, un carpintero-ebanista y también un peón caminero. La tienda de utramarinos que era a la vez café-bar-estanco fue la que más tiempo resistió; hoy en día la única actividad económica existente es la de los agricultores, muy prósperos, con todo mecanizado. Hasta desaparecieron las vacas ―sobraban según la Unión Europea― adios a la leche recién ordeñada, a la nata rica que salía de la centrifugadora…

La herrería de mi abuelo. Detrás, la iglesia rodeada del cementerio.

Delante de la herrería, en la parte izquierda, había un potro de herrar los caballos. Era una estructura de madera, más alta que los caballos, y se sujetaban las patas doblabas una a una a ella para poder colocar las herraduras con seguridad. Primero se quitaba la herradura vieja, después se raspaba el casco para dejarlo limpio y liso y se colocaba la nueva herradura. Eran mayormente caballos de labor, pero también había caballos de paseo que siguen siendo muy numerosos en la comarca.

La herrería de Croix-Fonsomme. 1893.

En esta fotografía de 1893 donde aparece mi bisabuelo en el centro con mi abuelo a su izquierda, se ve parte del potro de herrar a la izquierda. Un viaje en el tiempo, de verdad…

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Carbono 14

Como todos sabéis los rayos cósmicos son deshechos de núcleos de átomos, principalmente de protones que nos llegan del espacio intersideral. 700.000 de esos proyectiles atraviesan el cuerpo humano cada segundo. No matan al coronavirus pero pueden tener efectos insospechados: ver fotos.

La interacción de esos protones con los átomos de la atmosfera produce 2 o 3 neutrones por segundo y cm2. De vez en cuando golpean un núcleo de nitrógeno (N14) y expulsan de él un protón y se instalan en su sitio. ¿Y qué pasa? El nitrógeno se transmuta, sin cambiar de peso, en un átomo de carbono (el isótopo 14C). 

Fotógrafo exponiéndose imprudentemente a los rayos cósmicos.
El mismo, poco tiempo después, afectado y empezando a transmutarse.

El átomo de carbono 14 está afectado por el decaimiento radiactivo y evoluciona hacia el nitrógeno 14N con un periodo de semidesintegración de 5730 años. ¿Quién viene al rescate? Unas féminas, como tenía que ser: la Hermanas Oxígeno. En la alta atmosfera donde ha sido creado, el isótopo 14C se une a ellas para formar un ménage à trois, la molécula CO2… ¡Et voilà!

Los seres vivos asimilan el carbono 14 a través de las plantas que absorben CO2 durante toda su vida. La misma proporción de 14C que existe en la atmósfera se encuentra también en la madera viva. Cuando se corta un árbol el intercambio con el aire se interrumpe y los átomos de 14C desaparecen poco a poco. 

Así, un trozo de madera proveniente de la tumba de un faraón tiene mucho menos 14C que la madera recién cortada. Sabiendo cual es la duración de la semivida de 14C, los arqueólogos pueden medir edades entre varios siglos y unos 50.000 años. Así sabemos que esta momia es del III – II siglo antes de JC. Bastante siniestra…

La única momia egipcia del Louvre. Época ptolemaica. ©Carlos de Paz.

¿Qué pasó al final con el fotógrafo antes mencionado?

El Fantasma de Beaubourg.

En el Centro Pompidou llegué a captar esta espectral imagen. Allí se manifestó por primera vez el fotógrafo transmutado en el “Fantasma de Beaubourg”, indignado al ver que este Centro de Arte era en realidad un centro comercial lleno de carritos de la compra que la muchedumbre llenaba con los productos del merchandising que habían adquirido. Desde entonces vaga de museo en museo acechando también para castigarlos a los que se hacen selfies en vez de admirar las obras de arte. ¡¡¡Así que pensáoslo bien antes de sacar el móvil delante de la Mona Lisa!!!

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Al galope. La percepción del tiempo.

Seguidme a las profundidades de la jungla…

Al envejecer, tenemos la sensación que el tiempo pasa cada vez más rápidamente. He encontrado varias explicaciones posibles.

De nuevo y siempre, las matemáticas.

Según el filósofo francés Paul Janet, es el resultado de una reacción cerebral. En 1877 propuso la teoría «proporcional», la duración aparente de un periodo de tiempo en la vida de un hombre es proporcional a la duración total de su vida. A medida que envejecemos percibimos el paso del tiempo de una manera diferente porque el elemento de comparación evoluciona, ya que cada periodo constituye una fracción más pequeña de la vida en su conjunto. Para un hombre de 50, un año es la cincuentava parte de su vida, pero para un pequeño de 2 años, es la mitad de su vida, y eso explica por qué la distancia entre dos cumpleaños le parezca tan larga a los niños.

Por eso, para reflejar nuestra percepción del paso de tiempo hay que considerarlo a escala logarítmica; según esta escala, percibimos periodos de duración diferente como si tuvieran la misma extensión. Dividiendo la vida en tandas, los años vividos entre la edad de 5 y de 10 años nos parecen tan largos como los pasados entre las décadas de los 10 a los 20, de los 20 a los 40 y de los 40 a los 80.

La escala logarítmica permite medir la intensidad del sonido o de los terremotos, fenómenos que no se pueden traducir en una escala lineal por la variabilidad demasiada grande de los datos recogidos. En la escala de Richter cuando se pasa de una magnitud 10 a una magnitud 11, se multiplica por 10.

Si un trabajador tiene que pagar 1.000 € de impuestos y añadimos 1.000 €, le sumamos el 100 %, si añadimos 1.000 € a los 100.000 € que tiene que pagar uno más rico, sólo subimos un 1%. Hemos añadido la misma cantidad, pero el resultado no es el mismo en absoluto.

…Para descubrir una solanácea exótica, la «Datura inoxia»…

La biología, la rutina.

Se encuentran otras explicaciones, como que la biología tiene la culpa: nuestro reloj biológico se degrada progresivamente, debido a que nuestro metabolismo se ralentiza a lo largo de los años. Al envejecer, los latidos del corazón y la respiración se ralentizan, mientras que a los niños la mayor intensidad de la actividad biológica les proporciona la ilusión de un tiempo dilatado.

La dopamina es un neurotransmisor que se activa con cada nueva experiencia y nos ayuda a medir el tiempo que pasa. Diversos estudios demuestran que los cambios biológicos producidos en el cuerpo humano mientras envejece ―como el hecho que después de los 20 años se produce cada vez menos dopamina en el cerebro― tienen un impacto sobre nuestro reloj biológico.

También hay causas que empeoran este sentimiento, como el estrés que causa la idea que nos falta tiempo para realizar todo lo que tenemos que hacer.

…Aquí el fruto de la «Datura inoxia», conocido como estramonio y altamente tóxico…

La rutina también tiene la culpa. El cerebro de un niño reconfigura sin parar sus percepciones del mundo exterior; frente a estímulos desconocidos, su cerebro tarda más en tratar la información y esta intensa actividad síquica le da la impresión que el tiempo pasa despacio, mientras que pasa lo contrario para un adulto atrapado en la rutina diaria. Más nos acostumbramos a la repetición de los mismos acontecimientos, más rápido nos parece que el tiempo pasa.

Con la edad tenemos menos experiencias que suscitan la emoción –como el primer beso, el primer viaje lejos de casa, la primera aflicción. Tales experiencias son más fáciles de recordar y pueden llevar a una sensación del tiempo más alargada.

Cuando vivimos un acontecimiento inesperado, el cerebro ―de repente― tiene que tratar una multitud de información y almacena probablemente una cantidad de recuerdos más ricos y detallados que de costumbre. En nuestro recuerdo el acontecimiento parece más largo de lo que ha sido, como saben los aficionados a la caída libre, y es por eso que los que han vivido un accidente lo recuerdan como una película ralentizada.

…Y su prima hermana, la «Brugmansia arbórea», o árbol de las trompetas…

Nuestro instinto nos hace ahorrar toda la energía posible, así que cuando la vida es previsible nuestra mente utiliza el piloto automático, y tenemos la cabeza en otra parte, por ejemplo cuando nos vestimos o cocinamos estamos en modo automático. Si uno vive en el mismo sitio durante un largo periodo, o se dedica al mismo trabajo durante muchos años, tiene cada vez menos la sensación de novedad y el tiempo se acelera.

Así que, ¡intentemos aprender, estemos abiertos a la novedad y la sorpresa! Un artista que conozco dice que no tiene esta sensación, debe ser porque su mente fértil siempre está creando cosas nuevas… ¡Qué suerte!

Quizás os acordéis de la canción de los Pink Floyd, Time, del album The Dark side of the moon, 1973.

Propongo esta traducción:

Dejando pasar momento a momento los días monótonos, Desperdicias y malgastas las horas en babia, Dando vueltas aburrido en algún descampado de tu ciudad, A la espera de alguien o algo que te muestre el camino.

Cansado de estar tumbado al sol te quedas en casa mirando la lluvia, Eres joven y la vida es larga, y hay tiempo que matar hoy. Y luego, un día te das cuenta que has dejado diez años atrás. Nadie te dijo cuándo tenías que correr, te perdiste el pistoletazo de salida.

Y tú corres y corres para alcanzar el sol, pero se está poniendo, Girando velozmente para volver a salir detrás de ti. El sol sigue igual, relativamente, pero tú eres más viejo, Con menos aliento y un día más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto, nunca pareces encontrar tiempo, Planes que se quedan en nada o en media página de líneas garabateadas, Aguardando en silenciosa desesperación a la manera inglesa. El tiempo se fue, la canción se terminó, Pensaba que tendría algo más que decir…

En casa, En casa otra vez, Me gusta estar aquí Cuando puedo.

Cuando llego a casa Helado y cansado Qué bueno calentar mis huesos Junto al fuego.

Muy lejos, Al otro lado del campo, La campana de hierro repica, Llamando a los fieles a que se arrodillen Para oír el encanto susurrado.

…Así como otra de la misma familia, la «Solandra máxima», igual de venenosa que las anteriores…

(A ver si adivináis dónde están esta jungla y sus peligrosas plantas…)

Para terminar alegremente, os dejo con estas reflexiones sobre la madurez del gran humorista argentino, Roberto Fontanarrosa. Las ha llamado Estamos Distraídos.

« Mi amiga Colette solía decir, y hace ya mucho tiempo, “Estamos en la edad del nunca me había pasado”… Y es así. Decimos: “Es curioso. Nunca me había pasado, me agaché a recoger un tenedor y se me trabaron cuatro vértebras de la columna.”

Escuchamos: Es notable. Nunca me había pasado. Mordí un caramelo de limón y un premolar se me partió en ocho pedazos.

Es que, así como se habla de un Primer Mundo y de un Tercero sin que nadie conozca a ciencia cierta cuál es el Segundo, nosotros hemos pasado de la Primera Edad a la Tercera sin recalar por la Segunda y el cuerpo acusa recibo de tal apresuramiento. El tiempo mismo, incluso, ha tomado una consistencia gelatinosa, plástica, mutante.

Calculamos: “Cuánto hace que se mudo Ricardo a su nueva casa?” Y arriesgamos: “Tres, cuatro años”. Hasta que alguien, conocedor, nos saca de la duda: “Catorce”.

Suponemos ante el amigo encontrado ocasionalmente en la calle: “Tu pibe debe andar por los seis, siete años”. “Tiene diecinueve – nos contesta el amigo – Veni, Tacho!” Y nos presenta a una bestia de un metro ochenta, pelo verde, un clavo miguelito clavado en la ceja y un cardumen de granos sulfurosos en la mejilla.

Se corrobora entonces aquello que, dicen, decía John Lennon: “El tiempo es algo que pasa mientras nosotros estamos distraídos haciendo otra cosa”. Y suerte que estamos distraídos haciendo otra cosa. Mucho peor es aburrirse. Es dulce rememorar ciertos momentos, pero más me entusiasma pensar en las cosas que tengo para hacer. Es que muchos de esos ciertos momentos son muy viejos. Y por tanto vale recordar el consejo dado por Javier Villafañe cuando alguien le preguntó cómo hacía para conservarse tan joven pasados los ochenta años. “No me junto con viejos”, respondió el maestro. Yo quiero agregar lo que un día dijo Jean-Louis Barrault, famoso mimo francés: “La edad madura es aquella en que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.”»

La primera foto es de © Carlos de Paz.

La jungla y el fruto de la Datura inoxia se encuentran en Los Molinos del Río Aguas, en Sorbas. La flor de la Datura está en la rambla, en medio del pueblo de Gérgal, y los dos árboles, en el Parque Nicolás Salmerón, de Almería. Todo en la provincia de Almería, España.

© Nicole Pawlowski. Todos los textos y las fotografías de Nicole Pawlowski de este blog tienen todos los derechos reservados. Están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual de Andalucía con el número 202199902504110. © Carlos de Paz. Todas las fotografías de Carlos de Paz tienen todos los derechos reservados.

Relojes de sol

Las matemáticas son maravillosas.

Desde la Antigüedad se utiliza la sombra de un palo llamado gnomon para medir el tiempo. Los egipcios fueron los primeros en hacerlos y hasta levantaron unos gigantescos, los obeliscos, con indicadores diversos a su alrededor.

Obelisco de la Rambla de Belén, Almería

Al mediodía la sombra del palo alcanza su longitud mínima ya que el sol está en el zénit. Para que la orientación del suelo fuera la correcta para indicar la hora se colocaba una placa con una escala que tenía un ángulo dado que permitía leer la proyección de la sombra del gnomon.

¿Y qué pasaba por la noche? Los egipcios también inventaron las clepsidras o relojes de agua que no necesitaban la luz del sol. Eran vasijas de cerámica graduadas que dejaban entrar o salir un líquido gracias a un orificio en su base, calculado para que el líquido fluyera a una velocidad determinada.

Ya puestos,  también inventaron el primer reloj de pulsera, una clepsidra portátil, reservada a los que necesitaban calcular el tiempo como los sacerdotes, los astrónomos o los médicos.

Clepsidra de Karnak

El movimiento de la sombra sobre el cuadrante solar evoca la geometría clásica, con sus líneas rectas, sus figuras regulares y sus curvas lisas.

Iglesia de la Magdalena, Sevilla

En la segunda mitad del siglo pasado, los matemáticos, estudiando las formas de las curvas en la naturaleza (ríos, montañas, nubes, rayos, etc.), se dieron cuenta que las formas regulares no son las más frecuentes. También imaginaron muchos objetos geométricos retorcidos y raros desde el punto de vista de la geometría clásica. Benoît Mandelbrot impulsó el estudio de estas formas fracturadas,  se creó un área de la investigación matemática dedicada a ellas y en 1975 se creó la palabra «fractal» para designarlas.

En 1987, K. Falconer, a partir de esta teoría, llegó a la conclusión que para cualquier conjunto de figuras existe un objeto cuya sombra proyectada sobre un cuadrante producirá, según la dirección de la luz, todas esas figuras.

Con este resultado matemático se imaginó un reloj de sol digital, un aparato sin ningún mecanismo, sin alimentación eléctrica, sin ninguna parte móvil; únicamente provisto de un conjunto de máscaras que producen sombras en forma de cifras. Y estas cifras mostrarían la hora según la posición del sol. Un grupo de inventores se puso manos a la obra y creó este objeto. Una firma alemana lo fabrica, «Digital Sundials International».

Reloj solar digital, “Digital Sundials International”

Colocado en el interior de una ventana con vista al sur (con vista al norte en el hemisferio sur), la hora puede leerse en una pequeña pantalla localizada horizontalmente bajo la cubierta. La pantalla se actualiza cada 10 minutos y ofrece un sorprendentemente preciso registro del tiempo durante las horas diurnas. Antes de enviarlo lo alinean a la localización geográfica del usuario. Quiero uno, ya.

Existe en Jaipur, el laboratorio astronómico de Jantar Mantar, uno de los cinco observatorios astronómicos construidos en la India por el maharajá Jai Singh en 1728. Es un conjunto extraordinario de monumentos que proyectan sombras. Los obeliscos se quedan cortos a su lado…

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Combatir la desidia

Quisiera hacer un libro sobre el tiempo, principalmente fotográfico, entrelazado con texto, más poético que documental. Sé que mis fotos son muy mejorables, que la fotografía es muy difícil y requiere mucha dedicación y que no estudio bastante. Me da vergüenza, pero como dice Pepe Jiménez: «Aquel que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra». Quiero ahondar en el tema del tiempo y creo que este blog me ayudará a ordenar ideas y darles forma, y con suerte hasta habrá comentarios sugerentes.  

La razón fundamental que me ha impulsado a escribir el blog es luchar contra esa desidia que nos impide emprender cosas válidas y satisfactorias, pero que exigen tiempo.

Puente nazarí, s. XIII- XIV, barranco de Tablate

Hartmut Rosa, filósofo y sociólogo, dice en su libro Aceleración: una crítica social del tiempo: «Hay un desfase entre lo que uno afirma que le gusta hacer y lo que uno hace en realidad. Se dedica un tiempo enorme a actividades de poco valor de las cuales uno obtiene pocas satisfacciones, como mirar la televisión».

Portada del libro en francés

(Ya sé que ahora mismo estáis tirados en el sofá, echando una ojeada distraída a este blog en el móvil, esperando que se terminen los anuncios para seguir con la serie que estáis viendo…)

Tenemos demasiado tiempo libre, y sin embargo cada vez tenemos más el sentimiento que el tiempo pasa más rápido y eso nos provoca estrés y la impresión de no tener tiempo.

Puentes de los s. XIX y XX, paralelos al puente nazarí que está justo detrás

Nos quejamos de no tener nunca tiempo para las cosas importantes porque surgen constantemente cosas menores para mantener abiertas las opciones que nos avasallan. Por eso ya no conseguimos desarrollar los proyectos de largo recorrido porque estamos aplastados bajo el peso de las cosas que hay que resolver primero.

Todo esto puede dar lugar al «shock del futuro», la angustia física y psicológica que sufre él que no puede hacer frente a la rapidez de los cambios sociales y tecnológicos. Como me pasa cuando mi ordenador se reconfigura cuando apenas había podido acostumbrarme a los cambios anteriores.

Desde el tercer puente del barranco de Tablate

¡¡Qué horror!! ¡¡Siete párrafos seguidos!! Ahora estáis hiperestresados.  Espero que estas relajantes fotografías compensen el mal trago. En el barranco de Tablate, antes de llegar a Lanjarón, hay tres puentes juntos. Ya sabéis de donde os podéis lanzar para contemplar las huellas de la historia. Además se puede hacer con total tranquilidad porque hay una ermita en el segundo puente, que está dedicada, como no, a la Virgen de las Angustias.

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Fotografías

Cuando empecé a documentarme sobre el tiempo también me lancé a la calle a hacer fotos, empezando por las más obvias, relojes, relojes por toda la ciudad. A medida que definía los conceptos fui afinando.

Granja en el centro del pueblo de Fonsomme

La elección de las fotografías es fundamental. La de cabecera de este blog no es indiferente, es la fuente del río Somme, situada a la salida del pueblo de Fonsomme, a 2 km del mío, Croix-Fonsomme, en la preciosa comarca del Vermandois. El nombre de ambos pueblos tiene su etimología evidente en fons, fontis, «fuente» en latín. Por consiguiente, en la fuente del Somme está mi origen, la fuente de mi vida.

Croix-Fonsomme

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¡Bienvenidos al blog!

Bienvenidos a todos los que se interesan por el saber en general, la literatura, el arte y en particular la fotografía, el pensamiento, la historia, la naturaleza, la ciencia, los idiomas, la buena cocina, etc.

En particular, a los que se han hecho preguntas sobre la naturaleza misteriosa y huidiza del Tiempo. Para adentrarnos en su laberinto, reflexionaremos sobre todos sus aspectos e iremos abriendo puertas. ¡Quién sabe lo que podemos encontrar tras ellas!

¡Y si, de paso, para hacer la vida más agradable y llevadera, nos reímos un poco, mejor!

Utilizaré principalmente la lengua española aunque soy francesa, ya que llevo muchos años viviendo en España. Mientras no se invente otra solución mejor, lo haré a la manera tradicional en lo que concierne el uso del masculino para referirse a ambos sexos juntos, ya que uno de los principios de las lenguas es el principio de economía, es decir expresarse de la manera más breve y concisa. No significa que no aborrezca el machismo y el patriarcado.

Preciosa escultura Luz y sol en 5 idiomas. Plaza Careaga en Almería.

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Nombre del blog

Origen del nombre del blog

La fuente de Charonne, de 1719, en la calle del Faubourg Saint-Antoine de París, barrio fundamental en el libro.

En homenaje a mi adorado Dickens, escogí el nombre de este blog de un pasaje intenso del capítulo 9 de Historia de dos ciudades, en un momento dramático y decisivo del libro.

“The fountain in the village flowed unseen and unheard, and the fountain at the château dropped unseen and unheard – both melting away, like the minutes that were falling from the spring of Time – through three dark hours. Then, the grey water of both began to be ghostly in the light, and the eyes of the stone faces of the château were opened.” 

Durante tres negras horas, la fuente de la aldea fluyó sin que nadie la viese ni oyese, y la fuente del château manó sin que ojos la viesen ni oídos la oyesen, perdiéndose el sonido de una y otra en la lejanía, igual que los minutos que brotan del manantial del Tiempo. Entonces la luz del amanecer formó reflejos fantasmales sobre el agua gris de una y otra y los ojos de las caras pétreas del château se abrieron.

Detalle de la fontaine de Charonne

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